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22 Artículos de Fe

EN ESTO CREEMOS:

22 ARTICULOS DE FE

Copyright © 2008

 

POR

Rev. Obispo Eliezer Martinez, D.D.

Fundador y Presidente

IGLESIA INTERNACIONAL REFORMISTA

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Existen en Norte América millares de organizaciones cristianas que alegan predicar la verdad. Sin embargo, al examinar sus doctrinas o enseñanzas encontramos que ninguna predica exactamente lo mismo que la otra, sino que en todas ellas hay diferencias de interpretación bíblica [aunque cada una de ellas tienen la misma Biblia como base de sus enseñanzas] que van desde lo más leve a lo más severo, desde lo más simple a lo más complicado, desde lo que es lógico a lo que es absurdo, desde la afirmación a la negación de los diversos postulados de la fe. De manera que es imposible que alguna de ellas en particular tenga toda la verdad sin admitir ningún error de interpretación. Podemos entonces afirmar, con un alto grado de certeza, que cada una de estas organizaciones tiene algo de verdad y algo de falsedad.

 

En el sentido de que no ha habido una uniformidad de entendimiento de los postulados de la fe, la Iglesia Cristiana nunca ha estado unida desde que Pablo comenzó su ministerio de predicación  a los gentiles en el año 36 DC.

 

Usted podría pasar toda su vida evitando caer en falsas doctrinas, pero creyendo que todo lo que su iglesia le ha enseñado es correcto. Pero alguien examina lo que esa “doctrina correcta” dice y encuentra que es totalmente inconsistente con “otras verdades” del cristianismo, resultando también falsa. Por supuesto, si su mente es suficientemente abierta, objetiva, usted podrá hacer los cambios o ajustes correspondientes conforme a los últimos argumentos que a su juicio son más convincentes que los primeros. Lamentablemente, si usted cierra su mente y solo acepta lo que su denominación dice que es correcto, necesariamente permanecerá en la oscura ignorancia.

 

Hay muchas cosas que aún no entendemos. Por esa razón, existen tantas doctrinas religiosas, contradictorias entre si, que dejan al lector o a quien escucha más confundido aún de lo que anteriormente estaba. Lo peor es cuando se trata de conjeturas sin ninguna base bíblica o racional. San Pablo expresó que “ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.” [1 Co. 13:12].

 

Recomendamos que nadie acepte ninguna doctrina de ninguna iglesia, por más seria o reconocida que la iglesia parezca, sin antes examinar libremente a la luz de las escrituras, lo que dicha doctrina realmente dice.

 

Nosotros no somos la excepción. No queremos que nadie acepte ciegamente nuestros postulados sin antes examinar los mismos y compararlos a su interpretación particular, no a la de alguien por más renombre o credenciales que tenga. No preste atención a las credenciales de nadie. Simplemente examine el contenido de lo que se dice y confronte dicho contenido con su propia razón y el entendimiento que usted tiene de lo dicho.

 

No creemos que nadie tiene el monopolio de la verdad, y en este caso, nadie está obligado a pertenecer a una iglesia, ni mucho menos aceptar todo lo que en ella se enseña.

 

Cada cual si así lo desea, puede pertenecer a cualquier iglesia que mejor se ajuste a su manera de pensar, aunque sus postulados de fe estén en contradicción mutua. Si no perteneces, ni tienes intención de pertenecer a una iglesia, tu decisión está perfectamente bien, pues como verás mas adelante, ni siquiera es necesario pertenecer a una iglesia.

 

Lo que no está bien es enseñar que es necesario pertenecer a una iglesia, o que lo que enseña alguna iglesia es en todo correcto, o que solamente aquellos que pertenecen a alguna iglesia en particular son los únicos salvos o escogidos.

 

A esto, nosotros repetimos que no es necesario pertenecer a ninguna iglesia, o denominación, o grupo religioso etc. Afirmamos, sin embargo, que todos los electos constituyen La Iglesia, y que ni nosotros, ni ningún otro grupo puede autoproclamarse como los únicos electos, ni tampoco ser conocedores de quiénes son o no son los electos.

 

No es nuestra intención polemizar con otras iglesias. Pero ejercemos nuestro derecho constitucional a la libre expresión y a la práctica de la religión según la entendemos. 

 

Algunos de nuestros Artículos de Fe refieren al lector a ciertos estudios suplementarios que elaboran el tema un poco más allá. Es importante que dichos estudios también sean leídos para obtener información más completa sobre el tema tratado.

 

El fundador de esta iglesia es leal al Dios Supremo y a los conceptos de justicia divina expresados por Jesucristo y los apóstoles. También es leal a los conceptos de libertad y democracia expresados en la Constitución de los Estados Unidos de América y a todas sus libertades civiles por ella establecidas, en particular la separación de Iglesia y Estado.

 

El fundador de esta iglesia desea y aboga para que los derechos individuales a la vida, la libertad, y a la búsqueda de la felicidad de todo ser humano sean respetados.     

 

ARTICULO I

Los postreros días es tiempo ya pasado

 

Los “postreros días” pertenecen al pasado de Israel. Nada tienen que ver con nosotros los gentiles, ni mucho menos con el fin del mundo.

 

 

1.1. Comenzamos con este Artículo sobre los “postreros días” y no otro debido a la enorme manipulación que existe contra la humanidad de parte de la religión cristiana organizada al proclamar que estamos viviendo en los días finales y que pronto el mundo [este planeta] sufrirá una serie de calamidades [castigos] de parte de Dios por su desobediencia.

 

1.2. La proclamación de los postreros días es un falso evangelio que requiere ser desenmascarado. Los “postreros días” o “días finales” mencionados en las Escrituras Hebreas [Antiguo Testamento] y las Escrituras Cristianas [Nuevo Testamento] se refieren a los días finales del pacto [Testamento] de Dios con su pueblo Israel [Gn.49:1] [Dn.10:14]. No tienen nada que ver con los pueblos gentiles, a saber, nosotros quienes no somos de sangre judía, ni mucho menos con el fin del mundo. No se deje engañar por los líderes religiosos que pretenden manipularle e infundirle temores al decirle que estamos en los “últimos días” y que pronto Dios destruirá a los pecadores en el infierno.

 

1.3. Los “postreros días” ocurrieron en el tiempo de los 12 Apóstoles. La profecía de Joel 2:28-31 que habla de los postreros días fue parcialmente cumplida en el día de Pentecostés en presencia de Pedro y todos los allí reunidos, según el mismo Pedro lo afirma en Hechos 2:16-18.  Al referirse a lo que estaba ocurriendo en aquel momento, Pedro enfáticamente alude a la profecía de Joel y dice “más esto es”, es decir, esto que está ocurriendo es precisamente lo dicho por el profeta Joel que ocurriría en los postreros días.

 

1.4. Mientras que el comienzo del período de los postreros días puede ubicarse en el día de Pentecostés, el fin de los “postreros días” tuvo su cabal cumplimiento 20 siglos atrás en la ciudad de Jerusalén, específicamente en el año 70 D.C., cuando el templo en Jerusalén y dicha ciudad fueron destruidas por las legiones romanas bajo el mando del general Tito, en fiel cumplimiento de lo profetizado en Lc.  21:20, 22.

 

1.5. Los versos en Hechos 2:19-20 describen las señales “arriba en el cielo y abajo en la tierra.”  Dicen: “Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas; y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto.”

 

1.6. ¿Ocurrió ésta parte de la profecía? ¿Hubo prodigios en el cielo y en la tierra? ¿Se convirtió el sol en tinieblas y la luna en sangre? La contestación es afirmativa. Así mismo fue como dice la escritura. Pero no espere que  le diga que dicho cumplimiento fue literal, a saber, que el astro que llamamos sol, centro del sistema solar, alrededor del cual giran otros planetas incluyendo el planeta Tierra, dejó de ser un sol, quedando apagado, y que la luna se haya literalmente convertido en sangre. Ese es precisamente el problema de muchos supuestos “expertos” en profecía, que interpretan cosas de manera literal cuando no lo son. Para que usted tenga un mayor entendimiento de este evento le invitamos a que lea el estudio suplementario sobre el lenguaje profético junto a los otros estudios suplementarios que acompañamos con este Artículo.     

 

1.7. Es erróneo aplicar la referencia de “postreros días” a los tiempos de hoy, o de algún tiempo futuro, pues ello significaría sacar dicha referencia fuera de su contexto bíblico escatológico. Muchos lideres cristianos de hoy, especialmente aquellos que se presentan como si fueran “expertos en profecía” erran lamentablemente al aplicar las profecías del Antiguo y Nuevo Testamento, particularmente el Apocalipsis de Juan, a un tiempo aún futuro para nosotros. Señalan acontecimientos presentes como son las pestilencias, hambres, guerras, terrorismo, terremotos, sunamis, cambios climáticos, calentamiento global, decadencia moral, conflictos en la región del medio oriente relacionados con Israel, etc. como señales de los postreros días y del fin del mundo.

 

1.8. Dios ya terminó con el Antiguo Pacto [Antiguo Testamento] y con Israel [como pueblo escogido], en dichos “postreros días.” [He.8:13] [Ga.3:26]. No existen otros postreros días que tengamos que esperar en el futuro. Los postreros días  del Antiguo Pacto son cosa del distante pasado de Israel.

 

1.9. El establecimiento del Estado de Israel en 1948 en territorio del medio oriente no tiene ningún significado profético, como tampoco el regreso de muchos judíos a dicha tierra, ni los conflictos de Israel con sus vecinos árabes. Dicho acontecimiento solo tiene importancia histórica, al igual que la tienen todos los demás países en dicha región tales como Irak, Irán, Siria, Líbano, Jordania,  Arabia Saudita, etc.

 

Refiérase al estudio suplementario titulado: El fin de los postreros días tuvo su cabal cumplimiento 20 siglos atrás en Jerusalén en el año 70 D.C.

 

ARTICULO II

La obsoleta Ley de Moisés

 

La Ley fue dada a los judíos, NO a nosotros los gentiles.

 

2.1. Ésta es una aseveración que todas las denominaciones o grupos religiosos cristianos toman como un hecho. Sin embargo, vemos en su práctica religiosa, y en sus doctrinas, una mezcla inconsistente de ley y gracia. Por ejemplo, la mayoría de las iglesias cristianas no tienen ningún reparo en enseñar los diez mandamientos como si aplicaran a nosotros la Iglesia. Los diez mandamientos fueron parte de la ley del antiguo pacto, y todo el antiguo pacto ya ha desaparecido para siempre. La Iglesia no esta bajo la ley, sino bajo la gracia. Dijo Pablo: “El cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu, porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.” [2 Co. 3:6]. La letra que mata, de la cual habla Pablo, es la Ley. Dicha ley, gravada en piedra, fue para el pueblo un ministerio de muerte [V.7] la cual habría de desaparecer [V.13]. Cristo estableció un ministerio de vida, no basado en la letra, sino en el espíritu, que vivifica.

 

2.2. Nada de lo que dice la Ley aplica a la Iglesia. Solo lo dice a los judíos, a quienes fue dada la Ley. Dice Pablo: “Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de el; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” [Ro. 3:19].

 

2.3. La Ley es pues un pacto de obras. Dios prometió a los antiguos israelitas [no a los que hoy día se llaman judíos o israelíes] ciertas bendiciones condicionadas a la obediencia de la Ley. Pero la Ley se convirtió para ellos en una maldición, ya que por la Ley vino el conocimiento del pecado, y el pecado, indicado por dicha Ley la cual el pueblo no podía cumplir, trajo la muerte. Pablo declara: “Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Cristo.” [Ga. 2:19].

 

2.4. Otra inconsistencia de Ley y Gracia muy generalizada en las iglesias cristianas es la colecta de los diezmos. Claramente esto es una práctica que les conviene a las finanzas de la iglesia. Para defender esta práctica, sus defensores citan Génesis 14:20 donde dice que Abran dio a Melquisidec los diezmos de todo, lo cual fue antes de la ley. Sin embargo, respondo a esto que nosotros los gentiles no somos descendientes de Abraham por sangre, segundo, que la colección del diezmo fue una práctica institucionalizada de la Ley, principalmente para sostener a los levitas que ejercían en el templo [He. 7:5-10], y tercero, que Pablo, apóstol de los gentiles, nunca requirió a la iglesia el contribuir diezmo alguno para el sostenimiento de sus ministros.

 

2.5. Otra inconsistencia también notable dentro de ciertas iglesias son las prohibiciones respecto a comidas y días festivos. El apóstol Pablo dijo: “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo.” [Col. 2:16].

 

2.6. Bien se sabe que al comienzo de la iglesia cristiana, ésta se percibía como parte de la religión judía, a los que Pablo amonestó como cristianos judaizantes. El mismo Pedro tuvo que ser amonestado por Pablo por actuar hipócritamente con los gentiles, puesto que después de haberse sentado en la mesa a comer con los gentiles, se retrajo por temor a los que predicaban un evangelio de circuncisión, que aún conservaba los rudimentos de la Ley [Ga. 2:11-13].

 

2.7. Sabemos que hay ciertas comidas que no le convienen al cuerpo, particularmente aquellas que los estudios nutricionales han identificado como dañinas por poseer niveles de toxinas del medio ambiente y químicos añadidos para su manufactura en grande escala industrial y preservativos. Los adherentes de esta iglesia toman decisiones individualmente basada en la información que tengan accesible. Pero nunca su decisión de comer o no comer estará basada en consideraciones de tipo religioso.  

 

ARTICULO III

Ley Vs. Gracia

 

3.1. Para Pablo, la Ley fue como un lazarillo [un guía] que condujo al pueblo judío a través de las sombras hasta la revelación de Jesucristo [Ga. 3:24-26]. Jesucristo nació judío, bajo la Ley, pero su muerte, bajo la Ley, puso fin a dicha Ley, y su resurrección significó el renacimiento de un nuevo pacto. El Cristo resucitado impartió Gracia salvadora tanto a judíos como gentiles, sin distinción. [Ga. 4:4-5], [1 Co. 12:13], [Col. 3:11], [He. 10:1]. Dios le había prometido a Abraham que en su simiente [Jesucristo] serían benditas todas las familias de la tierra. [Gn. 28:14].

 

3.2. Juan el Bautista anunció a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. [Jn.1:29]. El mundo, según aquí expresado, no se limita a los judíos, sino también a todos aquellos descendientes de Adán por quienes Cristo murió, habiendo sido escogidos desde antes de la fundación del mundo. Sobre este particular trataremos más adelante.

 

3.3. Su muerte fue descrita por Isaías como un cordero que es llevado al matadero. [Is. 53:7]. Su pueblo de sangre le rechazó y le dio muerte, cumpliéndose así el propósito de Dios de que el cordero [su Hijo] fuera sacrificado y hecho expiación una vez y para siempre por los pecados del mundo. De ésta manera la Ley fue cumplida en Cristo y quitada para siempre.

 

3.4. La nación de Israel, mediante su rechazo, dejó de ser pueblo escogido de Dios, bajo la Ley. Un nuevo pueblo, LA IGLESIA, es desde entonces el verdadero pueblo de Dios. [Jn. 1:10-13].

 

3.5. Mediante las obras de la Ley nadie podía ser justificado. Los gentiles, que no tenían Ley, no estaban exentos de pecado, pues sabían distinguir el bien y el mal. Dice Pablo: “Porque cuando los gentiles, que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para si mismos.” [Ro. 2:14]. 

 

3.6. Adán y sus descendientes, antes que existiera la Ley escrita dada a Moisés, estaban bajo pecado y muerte. Antes de Moisés había ley no escrita, la cual fue transgredida por Adán, por quien pasó la muerte a todos los seres humanos. [Ro. 5:13-14].  No estamos hablando aquí de muerte física, sino de muerte espiritual.

 

3.7. A diferencia de la Ley, que condena al hombre, la Gracia le libera de la condenación, lo trae de la muerte a la vida, lo transforma de tinieblas en luz. Y el mediador de ésta gracia es Jesucristo. No todos hemos sido vivificados, ni transformados de tinieblas en luz. Hay quienes vivirán espiritualmente muertos para siempre al no ser parte de los escogidos de Dios. El que usted sea religioso o humanitario en nada garantiza que usted sea uno de los escogidos, pues no depende de sus méritos personales, sino del beneplácito de Dios. [Ro. 9:16].

 

ARTICULO IV

La necesidad de la muerte de Cristo

 

La Muerte de Jesucristo fue necesaria que ocurriera. Sin su muerte

No se hubiese cumplido el Plan Divino trazado desde la eternidad.

 

4.1. Según el relato alegórico del huerto del Edén, narrado en Génesis, capítulos 2 y 3, todos los seres humanos desde Adán estábamos decretados a una muerte espiritual como consecuencia de la infracción de Adán al mandamiento del Dios creador que dijo: “Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de el comieres, ciertamente morirás.” [Gen. 2:17].  Adán comió del fruto prohibido, y de esa manera la muerte pasó a todos sus descendientes.

 

4.2. Ahora bien, de todos los descendientes de Adán, Dios escogió un pueblo, formado por los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob. Mediante Moisés les dio mandamientos, la Ley, a fin de rescatarlos de la maldición de la muerte. Pero dicha Ley, con sus innumerables rituales y sacrificios de animales, no podía ser cumplida por el hombre caído, y de esa manera se convirtió a si misma en un ministerio de muerte.

 

4.3. Pero en la mente de Dios, la Ley que él mismo había dado no era otra cosa sino sombras de una realidad por venir. La realidad por venir era Jesucristo. La persona concreta, histórica, de Jesucristo no solamente pondría fin al ministerio de muerte que significaba la Ley para todos los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob [pueblo judío], sino que también libraría a los hijos de Adán, independientemente de ser judíos o gentiles, de la maldición de la muerte espiritual.

 

4.4. De manera que Jesucristo murió en sustitución de judíos y gentiles para librarlos de la muerte. Su resurrección indica el paso de la muerte a la vida de aquellos por quien el murió. Dicho de otra manera, Cristo no murió por salvar a toda la humanidad, como muchos quieren hacer creer, que Cristo murió por todos, y que es la decisión de aquellos que le acepten. Pero no es así, sino que Cristo murió solamente por aquellos que el Padre escogió, de entre la humanidad, y los entregó al Hijo. Aún la fe de aquellos que creen no proviene de ellos, sino que proviene de Dios, que la infunde en ellos.

 

4.5. La muerte de Cristo en la cruz fue necesaria. Sin su muerte, Dios no hubiera cumplido en Cristo su plan hecho antes de la fundación del mundo. Los judíos lo juzgaron injustamente y lo crucificaron según Dios lo había determinado desde la eternidad. Su vida no fue quitada, sino puesta por Cristo mismo. El dijo: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mi mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.” [Jn. 10:17-18].

 

4.6. Todo lo que Jesús hizo durante su ministerio fue preciso que aconteciera. Esto se entiende claramente cuando leemos su expresión “es necesario.” Veamos algunas de dichas expresiones: “Pero el les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado.” [Lc. 4:43]. “De un bautismo tengo que ser bautizado; y como me angustio hasta que se cumpla.” [Lc. 12:50]. “Pero primero es necesario que padezca mucho, y sea desechado por esta generación.” [Lc. 17:25]. “Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: “Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.” [Lc. 19:5]. “Entonces el les dijo: ¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?” [Lc. 24:25-26]. “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado.” [Jn. 3:14]. “Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó. Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos.” [Jn. 20:8-9].

 

4.7. Jesús dijo en Mateo 20:28: “Como el Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino para servir, y dar su vida en rescate por muchos.” Jesús en ningún momento  dice que él pone su vida para el rescate de todos, sino de muchos.

 

4.8. También dice Hechos 2:23: “A éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole.”

 

4.9. Su muerte no fue un acontecimiento inesperado. Antes de la caída del hombre ya estaba determinado por Dios Padre que su Hijo Jesucristo haría de dar su vida por muchos.

 

ARTICULO V

El Fin de Israel Como Pueblo de Dios

 

Dios ha terminado para siempre con el Israel del Antiguo Pacto

 

5.1. Hemos observado que muchos líderes influyentes de la Iglesia Cristiana mantienen una actitud hacia el Estado de Israel como si Israel aún fuera el pueblo de Dios. Piensan que si Dios está de parte de ellos, la Iglesia también tiene que estarlo. Todavía aplican la sentencia antigua y obsoleta de Génesis 12:3 que dice: “Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan.”

 

5.2. Aún la sentencia que sigue: “¡Por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!” ya no es vigente con el Israel de hoy, sino con el Israel antiguo, de cuyo linaje nació nuestro Señor Jesucristo. El Israel nacional del Antiguo Testamento, el pueblo judío, hace diez siglos que dejó de ser el pueblo de Dios. De hecho, ya Dios cumplió con todas las promesas que le hizo a dicho pueblo, y finalizó su pacto con ellos.

 

5.3. Dios no tiene ningún trato o privilegio con la nación que hoy día se llama Israel, más que el trato que pueda tener con cualquiera otra nación del mundo. Israel no es el reloj de Dios como muchos quieren hacer creer, ni tampoco los acontecimientos históricos que le afectan desde que Dios mismo destruyó su templo en el año 70 D.C., tienen algo que ver con las profecías bíblicas. Dios, simplemente dicho, terminó con el pueblo israelita como pueblo suyo, y con su Antiguo Pacto de Ley para siempre.

 

5.4. El que el Estado de Israel haya sido establecido en el 1948 en la región del medio oriente nada tiene que ver con profecía bíblica, ni tampoco el que haya habido un regreso significativo de judíos a dicha tierra.

 

5.5. Quienes no han aceptado el regreso de Cristo en el primer siglo de la era cristiana, y todavía esperan un regreso futuro de Jesucristo, siguen manipulando las Sagradas Escrituras, particularmente en lo que respecta a Israel, y apuntan hacia el año 1948 como un cumplimiento profético de Mateo 24. Pero Dios terminó con el pacto mosaico y con Israel como nación santa, y nunca jamás dicho pacto será restaurado, ni dicha nación será restaurada como pueblo santo. 

 

Refiérase al estudio suplementario titulado: Dios ha terminado para siempre con el Israel del Antiguo Pacto

 

ARTICULO VI

La Destrucción de Jerusalén en el año 70 D.C.

 

La destrucción de Jerusalén en el año 70 D.C. fue un acto de juicio divino ejecutado por las legiones romanas.

 

6.1. En las Escrituras Hebreas hemos visto que Dios usa ejércitos humanos para realizar juicios sobre los pueblos. En dichos registros vemos que Dios usó a los ejércitos de Israel para juicio sobre otras naciones, donde Dios específicamente declaró haber entregado a tales pueblos en manos de Israel y ordenó la exterminación de los mismos, incluyendo niños, infantes y ganado.

 

6.2. Igualmente usó a los ejércitos paganos de otras naciones para juicio sobre Israel, diezmando su ejército y población general, y llevarlos cautivos, particularmente la cautividad Asiria en el siglo 8vo A.C., y la Babilónica en el siglo 6to A.C. Véase algunos pasajes en: Nm. 14:43-45; 2 R.17:6-7; 18:11-12; 25; 2 Cr.12; 36:11-17; Is.9:11-21; Jer.4:5-13; 19:3-9; Ez.5:5-17.

 

6.3. Dios volvió a usar ejércitos paganos [Imperio Romano] para castigar a Israel, en este caso su ciudad de Jerusalén, por sus crímenes contra profetas y enviados de Dios. El año 70 D.C. marca la destrucción de Jerusalén por las legiones romanas. También marca el fin del sistema religioso judío con la destrucción de su templo.

 

6.4. La destrucción de Jerusalén y su templo fue un acto divino en cumplimiento a las profecías bíblicas, incluyendo la advertencia de Jesucristo según registradas en  Lucas 21:20-22. “Ahora bien, cuando vean a Jerusalén rodeada de ejércitos, sepan que su desolación ya está cerca. Entonces los que estén en Judea huyan a las montañas, los que estén en la ciudad salgan de ella, y los que estén en el campo no entren en la ciudad. Ese será el tiempo del juicio cuando se cumplirá todo lo que está escrito.” (NVI).

 

6.5. Conociendo el juicio inminente que caería sobre Jerusalén en aquella misma generación que le veía cargar su cruz rumbo al gólgota, Jesús les dice a las hijas de Jerusalén que lloran por él: “Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren mas bien por ustedes y por sus hijos. Miren, va a llegar el tiempo en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, que nunca dieron a luz ni amamantaron! Entonces dirán a las montañas: ¡Caigan sobre nosotros! y a las colinas: ¡Cúbrannos!” [Lc. 23:28-30] (NVI).

 

6.6.  En el Apocalipsis de Juan encontramos a Jerusalén identificada como una gran ramera, madre de las prostitutas. También se le identifica como Sodoma y Babilonia. [1 P. 5:13]

 

6.7. Ap. 17:4-5 dice: “Y la mujer estaba vestida de púrpura y de escarlata, y adornada de oro de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicacion; y en su frente un nombre escrito: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA.”

 

6.8. Ap. 17:6. “Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi, quedé asombrado con gran asombro.”

 

6.9. Ap. 17:15. “Me dijo también: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas.” Comparece este pasaje con  Hechos 2:5-11. “Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo; Mirad! ¿No son galileos todos estos que hablan? ¿Como, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medas, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África mas allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.”

 

6.10. Mt. 23:37. Jesús se lamentó sobre Jerusalén: “Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados ¡Cuantas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta.”

 

6.11. Ap. 18:1-3. “Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria. Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible. Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicacion; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites.”

 

6.12. Esta Gran Ramera [Antigua Jerusalén] viene sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemias, que tiene siete cabezas y diez cuernos. El mismo ángel que trae la revelación dice que las siete cabezas de la bestia son siete montes sobre los cuales se sienta la mujer, y son siete reyes. Ap. 17:9-10. “Esto, para la mente que tenga sabiduría: Las siete cabezas son siete montes, sobre la cual se sienta la mujer, y son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aun no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo.”

 

6.13. Ap. 17:11. “La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición.” Ap. 17:12. “Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aun no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia.” Los siete reyes son: Julius Caesar, Augustus, Tiberius, Gaius (Calicula), Claudius, NERO CAESAR, Vespasiano. Los diez cuernos corresponden a las diez provincias romanas existentes en esa epoca.

 

6.14. Muchos, conociendo que Roma esta ubicada sobre siete montes, habían identificado a la mujer con el papado de la Iglesia Católica Romana. Pero ello es imposible, debido a que no ha sido Roma quien ha derramado la sangre de profetas, santos y apóstoles, sino Jerusalén. Es a Jerusalén a quien Dios juzga.

 

6.15. Nueva evidencia confirma que Jerusalén esta fundada sobre siete montes, a saber, Monte Zion, Monte Ophel, Monte Moriah, Monte Bezetha, Monte Acra, Monte Gareb, y Monte Goath

 

6.16. En Apocalipsis 6:9-11 leemos: “Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuando, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos.”

 

 

6.17. En la destrucción de Jerusalén Dios toma venganza de una ciudad que ha derramado la sangre de los profetas y santos enviados de Dios. En Lucas 21:20 Jesús dice específicamente: “son días de retribución [venganza] para que se cumplan todas las cosas que están escritas.”

 

Prosiga con Articulo VII - X

 

 

 

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