RESUCITADOS DE LA MUERTE
Por
Rev. Obispo Eliezer Martínez, D.D.
¿Qué entendemos por muerte física?
No soy médico para dar una definición médica de la muerte. Pero me parece que todos los que leen este ensayo, entienden lo que es estar físicamente muerto, no porque lo hayan experimentado personalmente, sino porque lo han aprendido de la observación o de la información.
El muerto no respira por si mismo, no tiene pulso, es un cadáver, en términos algo más sofisticados, decimos que carece de signos vitales. Luego ese cadáver, conforme a las temperaturas de calor o frio, se desintegra con el tiempo hasta desaparecer.
Acá en el occidente solemos enterrar a nuestros muertos, y llevarles flores a sus tumbas. También muchos lo incineran con fines de guardar sus cenizas, o de repartirlas al viento.
La muerte física ha sido hasta el momento una realidad ineludible. Los únicos dos casos registrados por la Biblia donde no hubo muerte física son Enoc y Elías. En el caso de Enoc se dice que “desapareció” porque le llevó Dios [Gn. 5:24] del cual también el Apóstol Pablo escribe: “Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios” [He. 11:5]. En el caso de Elías, éste fue tomado en un “carro de fuego con caballos de fuego” y subió al cielo ante la vista de Eliseo quien exclamó: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!
La muerte física significa una separación. Por un lado, conforme a nuestras creencias, el espíritu se separa del cuerpo físico, y por otro lado, el difunto se separa del mundo en que vive. Cristo se enfrentó ante el dolor de aquellos que hacían duelo por sus muertos, es decir, el dolor de familiares y amigos.
Lucas 7:11-15 registra la resurrección física del único hijo de una viuda, en la ciudad de Naín. El joven estaba verdaderamente muerto, pues lo llevaban a enterrar. Jesús se compadeció de la madre, y con solo tocar el féretro, y hablarle, el joven se levantó, y también habló. Todos los presentes, que eran muchos, presenciaron este hecho.
1 Reyes 17: 17-24 también registra la resurrección física realizada por Elías del hijo de una viuda residente en Serepta de Sidón, quien enfermó gravemente y murió.
2 Reyes 4:1-37 registra la historia de una mujer sunamita cuyo hijo murió y fue resucitado por el profeta Eliseo.
San Juan 11 registra la resurrección física de Lázaro, hecha por Jesús, después de haber estado Lázaro cuatro días de muerto, y parcialmente descompuesto.
Al momento de la muerte de Cristo, muchos cuerpos de santos que habían físicamente muerto salieron de sus tumbas, quienes luego de la resurrección de Cristo, vinieron a Jerusalén, y allí aparecieron a muchos [Mt. 27:50-53].
Hechos 9:36-41 registra la resurrección física de una discípula de la ciudad de Jope, llamada Dorcas, realizada por el Apóstol Pedro. Muchos presenciaron que la mujer había realmente muerto y la prepararon como tal para enterrarla. Luego de la intervención de Pedro, la vieron viva.
Cuando Juan el Bautista, desde la cárcel, le pregunta a Jesús ¿Eres tu aquel que había de venir, o esperamos a otro? Jesús le contesta: “Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio” [Mt. 11:2-5].
Como usted ve, estimado lector, no negamos el poder de Dios para resucitar físicamente a los muertos.
¿Qué entendemos por muerte espiritual?
Comencemos entendiendo el inicio de esta situación.
Gn. 2:16. “Y mandó Jehová Dios al Hombre diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y el mal no comerás, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”
Hay aquí un mandato de parte de Dios con una sentencia de muerte en caso del mandato ser desobedecido.
Gn. 3:4-6. “Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de el, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.”
Los ojos que serían abiertos claramente no son los ojos físicos, pues ellos no estaban físicamente ciegos. Se abrirían los ojos del entendimiento.
Pero el asunto aquí no es el resultado de comer el fruto prohibido, sino la consecuencia de desobedecer el mandato.
Gn. 3:6-7. “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió, y dio también a su marido, el cual comió así como ella.”
Hubo de parte de la mujer y de su marido un desafio expreso a la prohibición de Dios y de su sentencia de muerte.
La desobediencia al mandato trajo la consecuencia de la muerte. La sentencia de Dios se cumplió ese mismo día. Sabemos que el hombre continuo viviendo físicamente después de ese día, por lo tanto, la muerte se refería a un estado o situación diferente. El hombre “murió” espiritualmente en relación con la comunión que tenía con Dios.
Reconciliación en Cristo
Ro. 5:10-11. “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.”
2 Co. 5:18-19. “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.”
Col. 1:19-20. “Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.”
Cristo es la resurrección y la vida
Lázaro ha muerto [físicamente]. Pero el era un creyente en Cristo. En la realidad el solamente dormía. Ese fue la manera en que Cristo se refirió a el inicialmente. “Nuestro amigo Lázaro duerme, mas voy para despertarle” [Jn. 11:11]. “Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueno” [V.13].
“Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto” [V.21]. “Jesús le dijo: Tu hermano resucitará” [V.23]. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero” [V.24].
Vemos que Marta tiene bien claro que habría resurrección en el día final, aunque no sabemos si podía distinguir entre la resurrección física de la resurrección espiritual. Pero ella lamenta la muerte física de su hermano, y que Jesús no estuvo presente para impedirla.
Jn. 11:25. “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mi, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquél que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?”
En la contestación que Jesús le da a Marta, se refiere a la resurrección espiritual tanto de aquellos que están físicamente muertos como de aquellos que están físicamente vivos.
Vemos que luego Jesús mostró su poder de traer a Lázaro a la vida [física].
¿Cuál es la verdadera resurrección
de la cual que habla Pablo?
1 Co. 15:21-22. “”Porque así como la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.”
Resurrección espiritual.
1 Co. 15:35-37. “Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano, pero Dios le da el cuerpo como el quiso, y a cada semilla su propio cuerpo.”
Resurrección espiritual.
Ro. 7:6. “Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.”
Resurrección espiritual.
Adán es cuerpo terrenal; Cristo es cuerpo espiritual
1 Co. 15:44-45; 47-50. “Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. Así también esta escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente, el postrer Adán, espíritu vivificante.” “El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial. Pero esto digo, hermanos: que la sangre y la carne no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.
Col. 2: 12-15. “Sepultados con el en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.”
Col. 3:1. “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.”
Ef. 2:6-7. “Y juntamente con él nos resucitó, y así mismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.”
CONCLUSIÓN: La verdadera muerte no es cuando dejamos de respirar y perdemos nuestros signos vitales; cuando nos convertimos en cadáver listo para ser enterrado o incinerado. La verdadera muerte es un estado espiritual. Igualmente, la verdadera resurrección no es del cuerpo, sino del espíritu. Como Iglesia, cuerpo de Cristo, somos espíritus vivificados, resucitados de la muerte eterna. Gozamos de salvación y vida eterna aquí y ahora.
5/3/08