APUNTES COMPLEMENTARIOS SOBRE
EL BAUTISMO Y LA COMUNIÓN
BAUTISMO: Juan el Bautista dijo: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras de mi, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es mas poderoso que yo; el os bautizara en Espíritu Santo y fuego” [Mt. 3:11].
Descubrimos en este pasaje que el bautismo en agua de Juan era con el fin de que el pueblo cambiara de actitud, y estaba limitado al tiempo del ministerio de Juan. Después de su tiempo ministerial, no seria necesario el bautismo en agua. Al finalizar su ministerio, comenzaría el ministerio de Jesús.
Jesús no bautizaría en agua, sino en Espíritu Santo y en fuego.
El bautismo en Espíritu Santo no se refiere a la falsa interpretacion de ciertos sectores “carismáticos” donde la persona “bautizada” irrumpe en hablar lenguas desconocidas, emitir gritos “de alabanza” danzar, profetizar, etc. El elegido no recibe bautismo alguno, pues antes de nacer ya viene espiritualmente bautizado.
Los reunidos en el Aposento Alto [como 120 creyentes] al ser bautizados en el Espíritu hablaron en los idiomas y dialectos de aquellos que acudían al templo en conmemoración del día de Pentecostés. Véase Hechos 1:4-5; 2:3-11.
Jesús cumplió su promesa. Y continuó bautizando, impartiendo poder a sus elegidos para serle testigos hasta su segunda venida. Véase Hechos 2:46-47.
El Espíritu pasó a morar con el creyente. Dijo Pablo: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” [Ro. 8:11].
El Espíritu mora en el espíritu del creyente, a saber, de todos aquellos que han sido elegidos [predestinados] a vida eterna. “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” [Ro.8:16].
Ro. 12: 13. “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.”
Obviamente, el bautismo en agua no es necesario desde que Juan el Bautista finalizó su ministerio. Mucho menos desde que Cristo estableció su reino entre los hombres.
SANTA CENA O COMUNIÓN: I Co. 11:23-26. “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mi. Así mismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mi. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.”
La cena fue con sus 12 discípulos. A ellos les hablo. No a ti ni a mi, ni a nadie más fuera de aquel grupo. Estos fueron instruidos de hacer lo mismo con todos los demás creyentes después de su partida. Comerían el pan, simbolizando su cuerpo, y beberían el vino, simbolizando su sangre, recordando con ello su muerte “hasta que el venga.”
Todos los discípulos esperaban su venida en algún momento de sus vidas. Todas las epístolas reflejaban ese mismo sentir. Su venida seria “en breve” “pronto.”
He. 10:37. “Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará.”
Stg. 5:7-8. “Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad como el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y tardía. Tened vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.”
I P.4:7. “Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración.”
Ap. 1:1. “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan.”
Ap. 1:3. “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.”
Ap. 3:11. “He aquí yo vengo pronto.”
Ap. 22:6. “Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado a su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”
Ap. 22:7. “¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.”
Ap. 22:10. “Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca.”
Ap. 22:12. “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”
Ap. 22:20. “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; si, ven, Señor Jesús.
EL SEÑOR VINO EN BREVE, PRONTO, COMO LO HABÍA ANUNCIADO, EN EL 70 d.C.