PARTE I
1. El fin de los postreros días tuvo su cabal cumplimiento 20 siglos atrás en Jerusalén en el año 70 D. C.
2. Dios ha terminado para siempre con el Israel del Antiguo Pacto.
3. Salvos por Gracia: predestinados desde antes de la fundación del mundo.
EL FIN DE LOS “POSTREROS DIAS” TUVO SU
CABAL CUMPLIMIENTO 20 SIGLOS ATRÁS
EN JERUSALÉN EN EL Año 70 D.C.
Rev. Obispo Eliezer Martinez, D.D.
Copyright © 2008
Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento hablan de los postreros días. Dichos días se refieren específicamente a un tiempo determinado dentro del trato que tuvo Jehová, Dios de Israel, con su pueblo judío. Los postreros días nada tienen que ver con la historia del mundo gentil, mucho menos con el fin del mundo.
Muchos líderes cristianos de hoy, especialmente aquéllos que se presentan como si fueran “expertos en profecía” erran lamentablemente al aplicar las profecías del Antiguo y Nuevo Testamento, particularmente el Apocalipsis de Juan, a un tiempo aún futuro para nosotros. Señalan acontecimientos presentes como son las pestilencias, hambres, guerras, terrorismo, terremotos, sunamis, cambios climáticos, calentamiento global, decadencia moral, conflictos en la región del medio oriente relacionados con Israel, etc. como señales del fin del mundo.
En éste breve escrito, deseo que el lector entienda que los postreros días de los cuales hablan los profetas del Antiguo Testamento y los Apóstoles del Nuevo Testamento ya han sido cumplidos. No podemos esperar “otros postreros días” ni mucho menos señales que indiquen el fin del mundo.
La visión de Juan en Ap. 21:1 “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más” es hoy una realidad gloriosa. Espiritualmente vivimos en un cielo nuevo y una tierra nueva, y el mar ya no existe más.
El primer cielo y la primera tierra – la ley – ya han pasado. El nuevo cielo y la nueva tierra – la gracia – están con nosotros para siempre. El mar – todas las diferencias que separaban a los judios y a los gentiles y que han separado a los seres humanos – ya no existen bajo el pacto divino de gracia, realizado en la Iglesia.
Hechos 2: 14-21.
La profecía de Joel para los “postreros días” fue cumplida en el tiempo de los 12 Apóstoles.
“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oid mis palabras. Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”
El evento descrito en Hechos 2: 14-21 ocurre en el día de Pentecostés, en la ciudad de Jerusalén, poco tiempo después de la ascensión de Cristo al cielo. El mismo Señor Jesucristo les había instruido a sus discípulos que no se fueran de Jerusalén hasta que recibieran la promesa del Padre (Hch. 1:4), el Espíritu Santo (Hch. 1:5), quien les revestiría de poder para ser testigos en Jerusalén, en toda Samaria, y hasta lo último de la tierra, (Hch. 1:8).
Pedro cita la profecía de Joel 2:28-32 referente al evento que estaba ocurriendo ese día a un número como de 120 creyentes reunidos en el aposento alto, (Hch. 1:15).
Nótese que Pedro al citar la profecía de Joel y describir lo que acontece dice las palabras “mas esto es” lo dicho por el profeta Joel. Dicho de otro modo, parafraseando a Pedro, el dice : esto que esta ocurriendo, aquí y ahora, es precisamente lo dicho por el profeta Joel en Joel 2:28-32. Nótese también que Pedro se refiere al tiempo de dicho acontecimiento como un cumplimiento en los postreros días: “Y en los postreros días, dice Dios.” Los creyentes que vivían en aquellos “postreros días” serían testigos de “prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo, el sol convertido en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová.”
Para un mejor entendimiento de estos “prodigios o señales”, refiérase a la sección que trata sobre el lenguaje profético. El problema de interpretación ocurre cuando expresiones que corresponden al lenguaje figurado son interpretadas como si fueran un lenguaje literal.
El día grande y espantoso de Jehová llegó en aquéllos “postreros días” precedido por todo lo dicho por el profeta Joel 2:28-32.
Es absurdo aplicar parte de la totalidad de la profecía al día de Pentecostés, y la otra parte a un tiempo indefinido que casi 2000 años después sigue siendo para un futuro. Pedro fue bien claro al afirmar que lo que estaba aconteciendo aquel día fue escrito para ser cumplido en los postreros días.
El día de Pentecostés no era el postrer o ultimo día. Pero ese día era uno de los postreros días. Dichos días estaban limitados a la generación de los apóstoles y los que vivían en dicho tiempo, siendo cada generación unos 40 años, no a 20 generaciones de 100 años después. Los llamados expertos de hoy erran y caen en absurdas contradicciones al interpretar la profecía de Joel literalmente, y concluir que siendo que no se ha registrado el cumplimiento literal de la misma, aún sigue siendo futura: “Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego, y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto.”
Los “postreros días” no se refieren al fin del mundo, sino a la culminación del Pacto Antiguo con Israel.
El fin del tiempo determinado “postreros días” referente a Israel no es de ninguna manera el fin del tiempo del mundo, como lo he dicho anteriormente. Tampoco es el fin de la Iglesia, puesto que su tiempo no tiene fin. Los postreros días son los últimos días del pacto de Jehová Dios con Israel. Ese pacto antiguo, basado en la ley dada a Moisés en el Monte Sinai, dejaría de existir, tendría sus últimos días de vigencia. La Ley tendría sus postreros días.
Dicha Ley establecía que sin derramamiento de sangre no habría remisión de pecados. Así, una vez al año, el sumo sacerdote entraba en el santuario y ofrecía un sacrificio de sangre, rociada sobre el propiciatorio, por los pecados del pueblo. Este sacrificio de sangre era figura del sacrificio expiatorio de Cristo sobre el madero [la cruz], el cual fue hecho una sola vez y para siempre.
Cristo, nacido bajo la Ley, le dio a la Ley su cumplimiento final mediante su muerte, su resurrección y su segunda venida. Hizo desaparecer el Antiguo Pacto para siempre a fin de dar paso a uno nuevo, no con los judíos, sino con su Iglesia. Dice el Apóstol Pablo en su Epístola a los Hebreos 8:13: “Al decir Nuevo Pacto, ha dado por viejo al primero, y lo que se da por viejo y envejece, está por desaparecer.” A continuación elaboramos nuestro argumento de que los “postreros días” se refieren a Israel con su Ley o Pacto, y nada tienen que ver con los gentiles, a saber, con nosotros los que no somos descendientes de sangre de Abrahán, Isaac y Jacob.
Gn. 49:1. “Y llamó Jacob a sus hijos, y dijo: juntaos, y os declararé lo que os ha de acontecer en los días venideros.”
Jacob y sus hijos son el pueblo de Israel. Sus hijos conforman las doce tribus de Israel como nación. Jacob los reúne para decirles lo que haría de ocurrirles en el futuro.
Nm. 24:14. “He aquí, yo me voy a mi pueblo; por tanto, ven, te indicaré lo que éste pueblo ha de hacer a tu pueblo en los postreros días.”
Aquí se hace referencia a dos pueblos: el pueblo de Israel, y el pueblo de Balac. [Balac es rey de Moab]. Balaam [el clarividente] le advierte a Balac lo que el pueblo de Israel le haría a su pueblo [al pueblo Moabita] en los días postreros.
Dt. 4:27. “Y Jehová os esparcirá entre los pueblos, y quedaréis pocos en número entre las naciones a las cuales os llevará Jehová.”
Moisés le está hablando al pueblo de Israel diciéndole lo que le acontecerá en el futuro, a saber, que serían esparcidos por todo el mundo y que su población quedaría reducida significativamente.
Dt. 4:30. “Cuando estuvieres en angustia, y te alcanzaren todas estas cosas, si en los postreros días te volvieres a Jehová tu Dios, y oyeres su voz;...”
Los postreros días se refieren a Israel. El pueblo vivirá tiempos de angustia y de calamidades, pero sería restaurado, si se cumpliese una condición, a saber, la de volverse a Jehová.
Dt. 31:29. “Porque yo sé que después de mi muerte, ciertamente os corromperéis y os apartaréis del camino que os he mandado; y que os ha de venir mal en los postreros días, por haber hecho mal ante los ojos de Jehová, enojándole con la obra de vuestras manos.”
Moisés sabe que el pueblo de Israel se haría de corromper después de su muerte. Le habla al pueblo de Israel, advirtiéndole del mal que les acontecerá en los postreros días, a consecuencia de su desobediencia.
Is. 2:1-2. “Lo que vio Isaias hijo de Amoz acerca de Juda y Jerusalén. acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a el todas las naciones.”
En la visión de Isaias, el monte de la casa de Jehová es Cristo mismo, su autoridad está sobre todos, y a el acudirán todas las gentes.
Este pasaje guarda estrecha relación con Apocalipsis 11:15: “El séptimo ángel toco la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y el reinará por los siglos de los siglos.
Jer. 23:19-20. “He aquí que la tempestad de Jehová saldrá con furor; y la tempestad que esta preparada caerá sobre la cabeza de los malos. No se apartará el furor de Jehová hasta que lo haya hecho, y hasta que haya cumplido los pensamientos de su corazón; en los postreros días lo entenderéis cumplidamente.”
Jeremías profetiza que en los postreros días el pueblo [nación] de Israel será severamente castigado por Dios.
Ez. 38:16. “Y subirás contra mi pueblo Israel como nublado para cubrir la tierra; será al cabo de los días; y te traeré sobre mi tierra, para que las naciones me conozcan, cuando sea santificado en ti, oh Gog, delante de sus ojos.”
“Al cabo de los días” es sinónimo de “postreros días.” Ezequiel profetiza respecto a la invasión militar de “Gog” sobre Israel en los postreros días.
Dn. 10:14. “He venido para hacerte saber lo que ha de venir a tu pueblo en los postreros días; porque la visión es para esos días.
Daniel tiene una gran visión donde un varón vestido de lino le muestra lo que el pueblo de Daniel [Israel] haría de sufrir en los postreros días.
Os. 3:5. “después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días.”
Oseas profetiza que al fin de los días los hijos de Israel temerían a Jehová. Nótese que los discípulos, al agual que Jesús, eran hijos de Israel. Aquí no se esta hablando de una nación, sino de un remanente israelita.
Miqueas profetiza que Jerusalén seria destruida
Mi. 3:12. “Por tanto, a causa de vosotros Sion será arada como campo, y Jerusalén vendrá a ser montones de ruinas, y el monte de la casa como cumbres de bosque.”
Miqueas habla a todo el pueblo de Juda y profetiza que por causa de ellos toda Jerusalén sería destruida.
Un siglo venidero [después de los “postreros días”]
Mt. 12:32. “A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo, ni en el venidero.”
En Mateo 12:32 quien habla es Jesucristo. El afirma que después de ese siglo [el tiempo en el cual el y sus discípulos están viviendo] existe otro siglo venidero. Ahora bien, sus discípulos creían firmemente estar viviendo en los “postreros días”, de manera que los “postreros días” se referían a un tiempo donde ciertas cosas serían cumplidas, pero no al fin del mundo [planeta Tierra], ni tampoco el fin de la humanidad, pues de lo contrario, no hubiese un “siglo venidero.”
Una “Gran Tribulación” en los “postreros días”
Mt. 24:21. “Porque habrá entonces gran tribulación, cual no ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.”
Mateo 24:21 habla de una gran tribulación. Esta tribulación haría de ocurrir antes del regreso de Cristo. “Aquellos días” son los “postreros días” que habla Joel 2:28. Veremos mas adelante que el cumplimiento de Joel 2:28 esta enmarcado en el tiempo de los apóstoles. Los “postreros días” no comienzan el día de Pentecostés, sino que el día de Pentecostés ocurre “en los postreros días.” que continúan hasta que aparece la señal del Hijo del Hombre en las nubes del cielo.
Ciertamente hubo una Gran Tribulación en los “postreros días”, en cumplimiento de todo lo dicho en Mateo 24:29 y 30. Para una elaboración mayor del tema de la señal del Hijo del Hombre en las nubes del cielo, refiérase al artículo que trata la Segunda Venida de Cristo.
Mt. 24:29. “E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.”
Deseo citar aquí las palabras de Jacob cuando reprendió a José por su sueño donde el sol, la luna y las estrellas se inclinaban a el: “Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo ¿Que sueño es éste que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti? [Gen. 37:10]. De modo que en este pasaje, Jacob se compara al sol, su esposa, madre de José a la luna, y los hermanos de José a las estrellas. En una palabra, el sol, la luna y las estrellas son la nación de Israel.
Como usted claramente puede ver ahora, el sol, la luna y las estrellas no son los astros físicos que vemos en el espacio o firmamento.
La salvación esta ligada a su Segunda Venida. Si Cristo no hubiera regresado, aun todavía estaríamos esperando ser salvos, incluyendo aquellos creyentes que han “pasado a morar con el Señor.”
Ro. 13:11. “Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos.”
Aún luego de la ascensión de Cristo, la salvación no estaba completada, sino que era algo que aún se esperaba con su regreso [Segunda Venida]. Pablo se refiere a la salvación como algo “que esta más cerca”, no como algo que ha sido alcanzado. Jesucristo les dijo a sus discípulos: “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.” (Luc. 21:28).
Las cosas a suceder a las que se refiere Jesucristo son las calamidades de la gran tribulación que culminan cuando Jerusalén es rodeada de ejércitos y aparece el Hijo del Hombre, viniendo con poder y gran gloria. (Luc. 21:20-27).
En hebreos 9:28 se nos dice que Cristo “aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.” De modo que sin su segunda venida, la salvación no es cosa completa. Si Cristo no hubiera regresado, todavía estaríamos sin completar nuestra salvación.
Pablo afirma que la salvación es una “esperanza.” Habla de la vestidura con la coraza de la fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo (1 Tes. 5:8). En Romanos 8:24 dice: “Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que uno ve, ¿a que esperarlo?
Para Pablo, hay un “día de la redención” posteriormente a ser sellado por el Espíritu Santo (Ef. 4:30).
1 Co. 10:11. “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos.”
Pablo habla de “nosotros” quienes han alcanzado los “fines de los siglos.” No es razonable pensar que este “nosotros” no se refiera a la audiencia a la cual el Apóstol escribe. Es absurdo interpretar este “nosotros” como si Pablo hablase a personas aún no nacidas y viviendo 2000 años después.
Ef. 1:21-23. “Sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la Iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquél que todo lo llena en todo.”
El Apóstol Pablo admite que luego de este siglo [en el cual esperan el regreso de Cristo, primer siglo de la era cristiana] habrá un siglo venidero.
He. 1:1-2. “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien a si mismo hizo el universo;”.
El autor de la Epístola a los Hebreos [escrita a cristianos de origen judío] creía firmemente estar viviendo en los postreros días.
He. 9:26. “De otra manera le hubiese sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de si mismo para quitar de en medio el pecado.”
El autor de hebreos contrapone “el principio del mundo” con “ahora, en la consumación de los siglos.”
He. 10:25. “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto mas, cuando veis que aquel día se acerca.”
El congregarse era de mucha importancia en aquel tiempo en que escribe el Apóstol, antes del regreso de Cristo. Debido a la persecución que azotaba a los creyentes, éstos cobraban ánimo y mantenían su fe viva compartiendo los unos con los otros. Muchos, sin embargo, aplican ese mismo pasaje al tiempo de hoy, pues para ellos Cristo aún no ha regresado. Pero ya Cristo regresó, y habita entre nosotros. Su reino, el Reino de Dios, está entre nosotros, aquí y ahora. Mientras que el congregarnos puede seguir siendo útil para el mutuo apoyo, ello no es ya necesario. Lamentablemente, muchas congregaciones lo han convertido en un requisito, no solamente de membresía, sino también de comunión espiritual.
He. 10:37. “Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará.”
El autor de hebreos cree firmemente en el inminente regreso de nuestro Señor Jesucristo. Están convencidos de que el tiempo que viven es el “fin de los siglos” “postreros tiempos” “último tiempo” y que Jesucristo “no tardará” en venir; solo hay que esperar “un poquito.”
He. 13:14. “Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.”
La ciudad por venir, la cual es permanente, es la Nueva Jerusalén Celestial. [Contrario a la Jerusalén, la Antigua ciudad terrenal, parte de la nación de Israel].
1 P. 1:5. “Que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.”
Obviamente el Apóstol Pedro no se refiere al “tiempo postrero” como un tiempo futuro a la vida de ellos, pues está hablando de la salvación que ha de ser manifestada en el tiempo postrero. Recuerde que el Apóstol mismo al citar el cumplimiento de Joel 2:28 está admitiendo estar viviendo en los “postreros días.”
1 P. 1:20. “Ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros.”
Cristo ha sido manifestado en “los postreros tiempos.” Pedro cree firmemente estar viviendo en los últimos tiempos. Para Pedro, estos postreros tiempos no significan el fin del planeta tierra, sino del Pacto de Dios con Israel mediante Moisés y el comienzo del Nuevo Pacto de Dios mediante Jesucristo.
I Jn. 2:18. “Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anti-cristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por eso conocemos que es el ultimo tiempo.”
Muchos anticristos surgieron en el tiempo de los Apóstoles. Ya lo había advertido el mismo Señor: “Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. Porque se levantarán falsos cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañaran, si fuera posible, aún a los escogidos.”
La presencia de anticristos hizo que Juan reconociera que ya era el último tiempo. El Apóstol Juan no tiene duda alguna de que vive en los últimos tiempos, y así mismo lo expresa a los creyentes de su tiempo, a sus hijos espirituales.
Jud. 1:17-18. “Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo; los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos.” La presencia de burladores mencionada por Judas también es mencionada por Pedro.
2 P. 3:3-4. “Sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Donde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.”
Ni Judas ni Pedro están refiriéndose a burladores de un distante futuro, sino a personas presentes en su tiempo. Podemos fácilmente llegar a esta conclusión cuando consideramos el contexto de los pasajes donde se menciona a dichos burladores y el tiempo de la manifestación de Jesucristo en los postreros días, los cuales son presentes en la vida de los apóstoles.
Ap. 1:1. “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan.”
Los 12 discípulos esperaban el regreso de Jesucristo en su generación, el tiempo en que ellos vivían.
Los creyentes del primer siglo, antes de la destrucción de la Antigua Jerusalén en el año 70 D.C., creyeron firmemente estar viviendo en los postreros días. Ese es el testimonio de todos los apóstoles, especialmente de Pedro, Juan, y Pablo quienes escribieron ampliamente a sus contemporáneos creyentes en Cristo. (Ro.13:11; 1 Co.10:11; He.1:1-2; 9:26; 10:25, 37; 1 P. 1:5, 20; 1 Jn.2:18; Jud. 17-18; Ap.1:1).
Los discípulos de Jesucristo esperaban el regreso del Señor en cualquier momento de sus vidas, o por lo menos, en esa misma generación. En los días de Jesucristo, una generación tenía una duración de 40 años.
En el día de Pentecostés, en Jerusalén, Pedro y los otros once apóstoles reconocieron que la experiencia de aquel día en que fueron llenos de poder mediante el Espíritu Santo, según habían sido instruidos por su maestro Jesucristo de esperar en Jerusalén la promesa del Padre, era cumplimiento de la profecía de Joel 2: 28-32 a ser cumplida en los postreros días, (Hch. 2:14-21).
Mediante las Sagradas Escrituras, he puesto en evidencia el hecho de que los “postreros días” fue un periodo de “fin” referente a los judíos, descendientes naturales de Abraham, Isaac y Jacob. (Gn.49:1; Nm.24:14; Dt.4:27,30; Dt.31:29; Jer.23:19-20; Ez.38:16; Dn.10:40; Os.3:5; Jl.2:28-31; Mi.3:12).
2 Pedro 3:8
Muchos aplican este pasaje en 2 Pedro 3:8 para afirmar que lo hablado por Jesucristo y los apóstoles a sus contemporáneos, en aquella generación, fue también a nosotros, la iglesia de hoy, 20 siglos después en el futuro.
Citan el siguiente pasaje: “Mas, oh hermanos, no ignoréis esto: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día” (2 P.3:8).
Este pasaje no puede ser aplicado a modo de fórmula para calcular el tiempo, pues se incurriría en graves contradicciones e interpretaciones absurdas. Ofrezco aquí solo algunos ejemplos:
Gn. 7:1,4. “Dijo luego Jehová a Noe: entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mi en esta generación.” “Porque pasados aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y rearé de sobre la faz de la tierra a todo ser viviente que hice.”
Aquí tenemos que Jehová Dios le habla a Noe y le da un tiempo específico en el cual el comenzaría el diluvio. Dios comenzaría el diluvio en siete años, no en 7,000 años. Luego dice que hará llover durante cuarenta días y noches, no durante 40,000 años.
Ex. 9:5-6. “Y Jehová fijó plazo diciendo: Mañana hará Jehová esta cosa en la tierra. Al día siguiente Jehová hizo aquello, y murió todo el ganado de Egipto; mas del ganado de los hijos de Israel no murió uno.”
Jehová Dios fijó un plazo de tiempo, de un día a otro. Lo acontecido no se tardó 1,000 años en acontecer, sino que fue al día siguiente.
Ex. 11:4-5. “Dijo, pues, Moisés: Jehová ha dicho así: A la medianoche yo saldré de por medio de Egipto, y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias.”
Cuando Jehová dijo que saldría a la media noche así fue. No sabemos a que hora hablo dichas palabras a Moisés, pero si aún las hubiese hablado una hora antes de la medianoche, eso representaría 41.6 años después según la “fórmula” anteriormente dicha.
Jer. 25:11. “Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años.”
Jer. 29:10. “Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar.”
2 Cr. 36:20-21. “Los que escaparon de la espada fueron llevados cautivos a Babilonia, y fueron siervos de él y de sus hijos, hasta que vino el reino de los persas; para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, hasta que la tierra hubo gozado de reposo, hasta que los setenta años fueron cumplidos.”
Jehová Dios puso un plazo de setenta años de cautiverio a los hijos de Israel en Babilonia según los pasajes arriba citados. No fueron 70,000 años.
Ez. 12:25. “Porque yo Jehová hablaré, y se cumplirá la palabra que yo hable; no se tardará más, sino que en vuestros días, oh casa rebelde, hablaré palabra y la cumpliré, dice Jehová el Señor.”
El significado correcto de este pasaje 2 P. 3:8 es que el Señor está más allá del tiempo, a saber, que el tiempo no le limita, y que cuando Dios habla, su palabra se cumplirá fielmente lo mismo en un día como en mil años. Afirmamos que las Sagradas Escrituras son inspiradas por Dios y por lo tanto no puede haber en ellas la mas mínima contradicción.
La expresión “postreros días” según su uso en el Antiguo y el Nuevo Testamento se refiere a un periodo de tiempo antes de la Segunda Venida de Cristo, antes del “gran día del Señor” cumpliéndose en los días de la vida de los apóstoles, culminando con la destrucción de Jerusalén en el año 70 D.C.
“Los postreros días” no fueron los últimos días del fin del mundo, de este planeta Tierra, sino los últimos días, “el fin” del Antiguo Pacto de Dios hecho con Israel.
Hebreos. 8: 6-7, 13.
El primer pacto esta obsoleto [La Ley]. Ahora hay un segundo pacto [La Gracia].
“Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo.” “Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, esta próximo a desaparecer.”
Galatas 3:15-18
“Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade. Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo. Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos años después, no lo abroga, para invalidar la promesa. Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa”.
2 Corintios 3: 6-14.
La Iglesia ministra un nuevo Pacto [de Gracia].
“El cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu: porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, ¿como no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho mas abundará en gloria el ministerio de justificación. Porque aún lo que fue glorioso, no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria mas eminente. Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho mas glorioso será lo que permanece. Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza; y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que había de ser abolido. Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado.”
En los “postreros días” Dios daría fin a un sistema temporal de ley mosaica que solo era sombra de una realidad por venir, permanente, mediante el sacrificio de Jesucristo.
Hebreos 10:1, 12-14
La ley es sombra de los bienes futuros.
“Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.” “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.”
Joel 2: 28-31
Vuestros hijos y vuestras hijas, vuestros ancianos y vuestros jóvenes son creyentes de sangre hebrea, NO son gentiles.
“Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová.”
Joel está hablando al pueblo de Israel y profetiza acerca de ciertas cosas que acontecerán con ellos en “aquellos días” antes que venga el “día grande y espantoso de Jehová.”
Como ya he dicho antes, Pedro ubica el cumplimiento de esta profecía de Joel en los “postreros días” (Hch.2:17), específicamente en el día de Pentecostés en que el, los otros once apóstoles, María madre de Jesús, sus hermanos, y otros creyentes, como 120 personas en total, en el aposento alto, en Jerusalén, aguardaban la promesa del Padre, dicha por el Señor Jesucristo (Hch.1:4-8).
También los prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, fuego, columnas de humo, etc., forman parte de la misma profecía ubicada en los “postreros días” antes que venga el día grande y espantoso de Jehová.
El día grande y espantoso de Jehová esta ligado a los “postreros días” y se refieren al día de la venida del Hijo del Hombre en las nubes del cielo, que es lo mismo que la Segunda Venida de Cristo.
Mateo 24:29-30 registra lo dicho por Jesucristo respecto a su venida: “E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días [postreros días], el sol se oscurecerá, y la luna no dará su lumbre, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.”
San Lucas 21:20-22,27 registra también las palabras de Jesucristo respecto a su Segunda Venida, conectada con la destrucción de Jerusalén: “Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que están en los campos, no entren en ella. Porque éstos son días de retribución [juicio] [venganza], para que se cumplan todas las cosas que están escritas.” “Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.”
San Marcos 13:24-26 dice: “Pero en aquellos días [postreros días], después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias que están en los cielos serán conmovidas. Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria.”
Tanto Mateo, Marcos y Lucas registran que Jesucristo dijo: “De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.” Jesucristo no estaba refiriéndose a otra generación distante en el futuro, sino a la generación de su tiempo.
Jesucristo es más específico al establecer que la generación a la cual hacía referencia era la misma de su tiempo: “De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino” (Mt.16:28).
“Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.” “Porque éstos son días de retribución [juicio] [venganza], para que se cumplan todas las cosas que están escritas.” (Luc.21:20, 22).
En el año 70 D.C, después de la pascua, el General Tito, por encomienda del emperador Vespasiano, sitia con sus legiones romanas la ciudad de Jerusalén. Hace cesar sus sacrificios. Grande es la matanza mediante el hambre y la espada. Tito incendia su templo. La destrucción continúa hasta que la ciudad y el templo quedan totalmente destruidos
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DIOS HA TERMINADO PARA SIEMPRE
CON EL ISRAEL DEL ANTIGUO PACTO
Rev. Obispo Eliezer Martinez, D.D.
Copyright © 2008
He observado que muchos líderes influyentes de la Iglesia Cristiana mantienen una actitud hacia el Estado de Israel como si Israel aún fuera el pueblo de Dios. Piensan que si Dios está de parte de ellos, la Iglesia también tiene que estarlo. Todavía aplican la sentencia antigua y obsoleta de Génesis 12:3 que dice: “Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan.” Aún la sentencia que sigue: “¡Por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!” ya no es vigente con el Israel de hoy, sino con el Israel antiguo, de cuyo linaje nació nuestro Señor Jesucristo. El Israel nacional del Antiguo Testamento, el pueblo judío, hace diez siglos que dejó de ser el pueblo de Dios. De hecho, ya Dios cumplió con todas las promesas que le hizo a dicho pueblo, y finalizó su pacto con ellos.
Dios no tiene ningún trato o privilegio con la nación que hoy día se llama Israel, más que el trato que pueda tener con cualquiera otra nación del mundo. Israel no es el reloj de Dios como muchos quieren hacer creer, ni tampoco los acontecimientos históricos que le afectan desde que Dios mismo destruyó su templo en el 70 D.C. tienen algo que ver con las profecías bíblicas. Dios, simplemente dicho, terminó con el pueblo israelita como pueblo suyo, y con su Antiguo Pacto de Ley para siempre.
En un tiempo en la historia, Dios formó a Israel como su pueblo
Dios formó a Israel como una nación santa, es decir, separada para Él. Creció y se multiplicó en tierra de Egipto, y fueron esclavizados allí según lo dispuso Dios. Luego bajo el liderato de Moisés, a quien Dios llamó, el pueblo fue liberado de la esclavitud, y conducido a través del desierto a la tierra prometida
Gn. 12:1-2. “El Señor le dijo a Abram: “deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré; haré famoso tu nombre, y serás una bendición.” (NVI).
Gn. 15:13-14. El Señor le dijo: - Debes saber que tus descendientes vivirán como extranjeros en tierra extraña, donde serán esclavizados y maltratados durante cuatrocientos años. Pero yo castigaré a la nación que los esclavizará, y luego tus descendientes saldrán en libertad y con grandes riquezas.” (NVI).
Gn. 15:18. “En aquel día el Señor hizo un pacto con Abram. Le dijo: - a tus descendientes les daré esta tierra, desde el rio de Egipto hasta el gran rio, el Eufrates.” (NVI).
Gn. 17:5-6. “Ya no te llamarás Abram, sino que de ahora en adelante tu nombre será Abraham, porque te he confirmado como padre de una multitud de naciones. Te haré tan fecundo que de ti saldrán reyes y naciones.” (NVI).
Gn. 47:27. Los israelitas se asentaron en Egipto, en la región de Gosen. Allí adquirieron propiedades, prosperaron y llegaron a ser muy numerosos.” (NVI).
Ex. 12:40. “Los israelitas habían vivido en Egipto cuatrocientos treinta años. Precisamente el dia que se cumplían los cuatrocientos treinta años, todos los escuadrones del Señor salieron de Egipto.” (NVI).
Ex. 14:30. “En ese día el Señor salvó a Israel del poder de Egipto. Los israelitas vieron los cadáveres de los egipcios tendidos a la orilla del mar.” (NVI).
Dios instituye la circuncisión como señal del pacto con Abraham
Gn. 17:10. “Y este es el pacto que establezco contigo y con tu descendencia, y que todos deberán cumplir: todos los varones entre ustedes deberán ser circuncidados.”
Los hijos naturales de Abraham
La esposa de Abraham – Saray, luego llamada Sara – por ser estéril, convenció a Abraham para que tuviera descendencia con su esclava Agar. Abraham tenía 86 años de edad.
Gn. 16:15. “Agar le dio a Abraham un hijo, a quien Abraham llamó Ismael.” (NVI).
Luego que Agar concibió y dio a luz un hijo suyo, siendo Abraham de noventa y nueve años, Dios le dijo que dentro de un año su esposa Sara daría a luz un hijo.
Gn. 21:3. “Al hijo que Sara le dio, Abraham le puso por nombre Isaac.” (NVI)
Del relato que encontramos en el Capítulo 16 del Génesis, sabemos que Agar tuvo que huir al desierto con su hijo Ismael por causa de Sara. Sabemos que el ángel de Jehová le prometió a Agar que su descendencia a través de Ismael sería tan numerosa que no podría ser contada.
Sin embargo, es a través de la descendencia de Isaac, hijo de Abraham y Sara, que se establece la promesa del pacto.
El Apóstol Pablo luego en Galatas 4:22-25 toma este relato para diferenciar entre los dos pactos. Dice: “Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre. Pero el de la esclava nació según la carne; mas el de la libre, por la promesa. Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinai, el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar. Porque Agar es el monte Sinai en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos está en esclavitud. Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre.”
En la alegoría de los dos pactos, todos los que estaban sujetos a la obediencia de la ley estaban esclavizados bajo ella. Es bajo el pacto de gracia, aplicado a LA IGLESIA, el que libera al hombre. Por eso Jesucristo dijo: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” [Jn. 8:36].
El pacto con Israel fue a través de la descendencia de Isaac
Gn. 17:21. “Pero mi pacto lo estableceré con Isaac, el hijo que te dará Sara de aquí a un año, por estos días.” (NVI).
Gn. 21:12. “Pero Dios le dijo a Abraham: “No te angusties por el muchacho ni por la esclava. Hazle caso a Sara, porque tu descendencia se establecerá por medio de Isaac.” (NVI).
Dios no despreció a Ismael, puesto que también era descendiente de Abraham, y prometió que de él también haría una nación grande.
El requisito de obediencia
El Señor le pidió al pueblo obediencia.
Ex. 15:26. “Les dijo: “Yo soy el Señor su Dios. Si escuchan mi voz y hacen lo que yo considero justo, y si cumplen mis leyes y mandamientos, no traeré sobre ustedes ninguna de las enfermedades que traje sobre los egipcios. Yo soy el Señor, que les devuelve la salud.” (NVI).
Ex. 19:3-6. “Al cual subió Moisés para encontrarse con Dios. Y desde allí lo llamó el Señor y le dijo: “Anúnciale esto al pueblo de Jacob; declarare esto al pueblo de Israel: Ustedes son testigos de lo que hice en Egipto, y que los he atraído hacia mi como sobre alas de águila. Si ahora ustedes me son del todo obedientes, y cumplen mi pacto, serán mi propiedad exclusiva entre todas las naciones. Auque toda la tierra me pertenece, ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.” (NVI).
A instancias de Moisés, Dios accedió a dar a conocer su nombre y comunicarle al pueblo su grande amor y misericordia.
Ex. 33:5-7. “El Señor descendió en la nube y se puso junto a Moisés. Luego le dio a conocer su nombre: pasando delante de él proclamó: -El Señor, el Señor, Dios clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor y fidelidad, que mantiene su amor hasta mil generaciones después, y que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado; pero que no deja sin castigo al culpable, sino que castiga la maldad de los padres en los hijos y en los nietos, hasta la tercera y cuarta generación.” (NVI).
Ex. 33:19. “Y el Señor le respondió: voy a darte pruebas de mi bondad, y te daré a conocer mi nombre. Y verás que tengo clemencia de quien quiero tenerla, y soy compasivo con quien quiero serlo.” (NVI).
Dt. 7:6-8. “Porque para el Señor tu Dios tu eres un pueblo santo; él te eligió para que fueras su posesión exclusiva entre todos los pueblos de la tierra. El Señor se encariñó contigo y te eligió, aunque no eras el pueblo más numeroso sino el más insignificante de todos. Lo hizo porque te ama y quería cumplir su juramento a tus antepasados; por eso te rescató del poder del faraón, el rey de Egipto, y te sacó de la esclavitud con gran despliegue de fuerza.” (NVI)
Dt. 8:1. “Cumple fielmente los mandamientos que hoy te mando, para que vivas, te multipliques y tomes posesión de la tierra que el Señor juró a tus antepasados” (NVI).
Dt. 10:14-15. “Al Señor tu Dios le pertenecen los cielos y lo más alto de los cielos, la tierra y todo lo que hay en ella. Sin embargo, el se encariñó con tus antepasados y los amó; y a ti, que eres su descendencia, te eligió de entre todos los pueblos, como lo vemos hoy.” (NVI)
El pueblo de Israel fue desobediente
Sabemos que los Israelitas fueron incapaces de cumplir la Ley. Todas las promesas de Dios a Israel estaban condicionadas a su obediencia a la Ley dada a Moisés en el Monte Sinai. Israel fue un pueblo desobediente a los mandamientos de Dios, un pueblo “de dura cerviz”
Ex. 16:28. “Así que el Señor le dijo a Moisés: ¿Hasta cuando seguirán desobedeciendo mis leyes y mandamientos?” (NVI).
2 R.17:18-20. “Por lo tanto, el Señor se enojó mucho contra Israel y lo arrojó de su presencia. Solo quedó la tribu de Juda. Pero aún Juda dejó de cumplir los mandatos del Señor su Dios, y siguió las costumbres que introdujo Israel. Por eso el Señor rechazó a todos los Israelitas. Los afligió y los entregó en manos de los invasores, y acabó de arrojarlos de su presencia.” (NVI).
Is. 65:2. “Todo el día extendí mis manos hacia un pueblo rebelde, que va por mal camino, siguiendo sus propias ideas” (NVI).
Jer.3:6,9. “Durante el reinado del rey Josias el Señor me dijo: ¿Has visto lo que ha hecho Israel, la infiel? Se fue a todo monte alto, y allí, bajo todo árbol frondoso, se prostituyó.” “Como Israel no tuvo ningún reparo en prostituirse, contaminó la tierra y cometió adulterio al adorar ídolos de piedra y de madera.” (NVI).
Jer.9:25-26. “Vienen días – afirma el Señor – en que castigaré al que solo haya sido circuncidado del prepucio: castigaré a Egipto, Juda, Edom, Amón, Moab, y a todos los que viven en el desierto y se rapan las sienes. Todas las naciones son incircuncisas, pero el pueblo de Israel es incircunciso de corazón.” (NVI)
Jer.14:11,12. “Entonces el Señor me dijo: “no ruegues por el bienestar de este pueblo. Aunque ayunen, no escucharé sus clamores; aunque me ofrezcan holocaustos y ofrendas de cereal, no los aceptaré. En verdad, voy a exterminarlos con la espada, el hambre y la peste.” (NVI).
En su Epístola, Santiago dice a todos aquellos que se justifican en guardar la ley:
Stg. 2:10. “Porque el que cumple con toda la ley, pero falla en un solo punto ya es culpable de haberla quebrantado toda.” (NVI).
Un nuevo pacto en Jesucristo prometido
El profeta Jeremías cita al mismo Dios quien anuncia que vendrá un tiempo en los cuales hará nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Juda.
Jer. 31:31. “Vienen días – afirma el Señor – en que haré un nuevo pacto con el pueblo de Israel y con la tribu de Juda.” (NVI).
El Apóstol Pablo apunta hacia Jesucristo como el mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas y cita las palabras de Dios a Jeremías respecto al nuevo pacto que Dios establecería con Israel y Juda. Nótese que Pablo afirma que el antiguo pacto está envejecido y obsoleto.
He. 8:6. “Pero el servicio sacerdotal que Jesús ha recibido es superior al de ellos, así como el pacto del cual es mediador es superior al antiguo, puesto que se basa en mejores promesas."
El antiguo pacto de ley quedó obsoleto
He. 8:13. “Al llamar “nuevo” a ese pacto, ha declarado obsoleto al anterior; y lo que se vuelve obsoleto y envejece ya está por desaparecer.” (NVI).
He. 7:18. “Por una parte, la ley anterior queda anulada por ser inútil e ineficaz, ya que no perfeccionó nada. Y por la otra, se introduce una esperanza mejor, mediante la cual nos acercamos a Dios.” (NVI).
El nuevo pacto es con la Iglesia
Sin lugar a dudas, el nuevo pacto es con la Iglesia, la cual incluye el remanente de Israel, descendientes de Abraham, Isaac y Jacob, pero no con el Israel nacional.
La Iglesia es, en este sentido, el “Israel espiritual”, formado de entre todos los linajes, tribus, y lenguas del mundo. En su Epístola a los Hebreos, el Apóstol Pablo compara ambos pactos y exalta la efectividad del nuevo pacto mediante Jesucristo.
El Israel nacional rechazó a Jesucristo. Los judíos lo crucificaron. Ahí entonces quedó abierta la puerta de entrada para aquellos que no eran Israel:
Jn. 1:11. “Vino a lo que era suyo, pero los suyos no le recibieron.” (NVI).
Jn. 1:12. “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios” (NVI).
Nótese que el Apóstol indica que el ser hijos de Dios no tiene ahora ninguna relación con la herencia racial, específicamente, el de ser un Israelita, pues dice:
Jn. 1:13. “Éstos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios” (NVI).
Y también va mas allá de la herencia racial, pues el derecho de ser hijo de Dios rebasa toda condición humana:
Ga. 3:26. “Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno en Cristo Jesús” (NVI).
Contraste de la descendencia de Abraham por línea natural
y su verdadera descendencia por la fe
Jesucristo, siendo judío de nacimiento, se refirió a los líderes religiosos de su tiempo como hijos del diablo, no de Abraham. Pablo el Apóstol contrasta los descendientes naturales de Abraham con la verdadera descendencia:
Jn. 8:39,44. “Si fueran hijos de Abraham, harían lo mismo que el hizo.” “Ustedes son de su padre el diablo, cuyos deseos quieren cumplir.” (NVI).
Ga. 3:7, 26,29. “Por tanto, sepan que los descendientes de Abraham son aquellos que viven por la fe.” El apóstol se refiere a la IGLESIA cuando dice: “Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús.” “Y si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa.” (NVI).
Todo el Antiguo Pacto de Ley es mera sombra
de una realidad espiritual cumplida en Jesucristo
Col. 2:17. “Todo es una sombra de las cosas que están por venir; la realidad se halla en Cristo.” (NVI).
He. 8:5. “Estos sacerdotes sirven en un santuario que es copia y sombra del que está en el cielo, tal como se le advirtió a Moisés cuando estaba a punto de construir el tabernáculo: “Asegúrate de hacerlo todo según el modelo que se te ha mostrado en la montaña.”(NVI).
He. 10:1. La ley es solo una sombra de los bienes venideros, y no la presencia misma de estas realidades.”
El sacerdocio de Cristo en un tabernáculo celestial
La Epístola a los Hebreos expone elocuentemente como el Nuevo Pacto de Dios con la Iglesia es superior al Antiguo Pacto con Israel. Vemos primeramente en la Epístola la relación superior de Jesús respecto a Moisés. La Iglesia, que somos nosotros, es casa construida por el mismo Dios.
He. 3:5. “Moisés fue fiel como siervo en toda la casa de Dios, para dar testimonio de lo que Dios diría en el futuro. Cristo, en cambio, es fiel como Hijo al frente de la casa de Dios. Y esa casa somos nosotros, con tal que mantengamos nuestra confianza y la esperanza que nos enorgullece.” (NVI).
Segundo, vemos a Jesús como el gran sumo sacerdote, llamado por Dios para ocupar dicho cargo. El sacerdocio de Cristo no era conforme al requisito legal de linaje, ya que pertenecía a otra tribu no designada para ejercer el sacerdocio, pero fue el único que mediante juramento del mismo Dios se constituyó en sumo sacerdote para garantizar un pacto superior.
He. 5:4-6. “Nadie ocupa ese cargo por iniciativa propia; mas bien, lo ocupa el que es llamado por Dios, como sucedió con Aarón. Tampoco Cristo se glorificó a si mismo haciéndose sumo sacerdote, sino que Dios le dijo: “Tu eres mi hijo; hoy mismo te he engendrado.” Y en otro pasaje dice: “Tu eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.” (NVI).
He. 7:13-16. “En efecto, Jesús, de quien se dicen estas cosas, era de otra tribu, de la cual nadie se ha dedicado al servicio del altar. Es evidente que nuestro Señor procedía de la tribu de Juda, respecto a la cual nada dijo Moisés con relación al sacerdocio. Y lo que hemos dicho resulta aún más evidente si, a semejanza de Melquisidec, surge otro sacerdote que ha llegado a serlo, no conforme a un requisito legal respecto a linaje humano, sino conforme al poder de una vida indestructible.” (NVI).
Israel dejó de ser el pueblo de Dios. La Iglesia es el nuevo y único pueblo de Dios ahora y para siempre
La promesa no es entonces para el Israel nacional, sino para la Iglesia, a quien Dios ha constituido como su pueblo elegido. Dios estableció un nuevo pacto en Jesucristo, con la Iglesia.
Oseas predice que Israel dejaría de ser pueblo de Dios y la Iglesia tomaría dicho lugar.
Os. 2:23. “A pueblo ajeno” lo llamaré: “pueblo mío”; y el me dirá: “Mi Dios”. (NVI).
El Apóstol Pablo hace referencia a Oseas en su Epístola a los Romanos:
Ro. 9:25-26. “Llamaré “mi pueblo” a los que no son mi pueblo; y llamaré “mi amada” a la que no es mi amada, y sucederá que en el mismo lugar donde se les dijo: “Ustedes no son mi pueblo” serán llamados “hijos del Dios viviente.” (NVI).
Tit. 2:14. “Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y purificar para si un pueblo elegido, dedicado a hacer el bien.”
Ro. 4:16-17. “Por eso la promesa viene por la fe, a fin de que por la gracia quede garantizada para toda la descendencia de Abraham: ésta promesa no es solo para los que son de la ley sino para los que son también de la fe de Abraham, quien es el padre que tenemos en común delante de Dios, tal como está escrito: “Te he confirmado como padre de muchas naciones.” Así que Abraham creyó en el Dios que da vida a los muertos y que llama las cosas que no son como si existieran.” (NVI).
Mt. 8:11-12. “Les digo que muchos vendrán del oriente y del occidente, y participarán en el banquete con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. Pero a los súbditos del reino se les echará afuera, a la oscuridad, donde habrá llanto y rechinar de dientes.” (NVI).
Mt. 21:43. “Por eso les digo que el reino de Dios se les quitará a ustedes y se les entregará a un pueblo que produzca los frutos del reino.” (NVI).
Lc. 22:20. “De la misma manera tomó la copa después de la cena, y dijo: - esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes.” (NVI).
El Apóstol continúa confirmando la fe en Jesucristo como mediador del nuevo pacto diciendo:
2 Co. 3:6. “Él nos ha capacitado para ser servidores de un nuevo pacto, no el de la letra sino el del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.” (NVI).
La letra mata – afirmó Pablo. Se refería a la ley escrita. Es así que el Antiguo Pacto significaba un ministerio de muerte.
He. 8:6. “Pero el servicio sacerdotal que Jesús ha recibido es superior al de ellos, así como el pacto del cual es mediador es superior al antiguo, puesto que se basa en mejores promesas.” (NVI).
Tercero, vemos a Jesucristo en su cargo de sumo sacerdote oficiando en un tabernáculo no hecho por manos humanas, un tabernáculo celestial. Pablo nos explica cómo el sacrificio de los sacerdotes del tabernáculo terrenal era insuficiente para purificar al penitente, mientras que el sacrificio mediante la sangre de Cristo es capaz de purificar nuestra conciencia.
He. 8:1-2. “Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, aquel que se sentó a la derecha del trono de la majestad en el cielo, el que sirve en el santuario, es decir, en el verdadero tabernáculo levantado por el Señor y no por ningún ser humano.” (NVI).
La verdadera circuncisión es espiritual. La circuncisión del cuerpo físico no tiene valor en el nuevo pacto
Ro. 2:25-27. “La circuncisión tiene valor si observas la ley; pero si la quebrantas vienes a ser como un incircunciso. Por lo tanto, si los gentiles cumplen los requisitos de la ley, ¿no se les considerara como si estuvieran circuncidados? El que no está físicamente circuncidado, pero obedece la ley, te condena a ti que, a pesar de tener el mandamiento escrito y la circuncisión, quebrantas la ley.” (NVI).
Ro. 2:29. “El verdadero judío lo es interiormente; y la circuncisión es la del corazón, la que realiza el Espíritu, no el mandamiento escrito. Al que es judío así, lo alaba Dios y no la gente.” (NVI).
Fil. 3:3. “Porque la circuncisión somos nosotros, los que por medio del Espíritu de Dios adoramos, nos enorgullecemos en Cristo Jesús y no ponemos nuestra confianza en esfuerzos humanos.” (NVI).
Ga. 6:15. “Para nada cuenta estar o no circuncidados; lo que importa es ser parte de una nueva creación.” (NVI).
Pablo se refiere a la circuncisión física según prescrita por la ley del antiguo pacto. Bajo el nuevo pacto, la circuncisión física no tiene ningun valor.
Col. 2:11. “Además, en él fueron circuncidados, no por mano humana sino con la circuncisión que consiste el despojarse del cuerpo pecaminoso. Esta circuncisión la efectuó Cristo.” (NVI).
El cuerpo físico de aquellos que viven bajo el nuevo pacto de gracia ya no es pecaminoso. El cuerpo no es causante de pecado alguno.
Col. 2:12. “Ustedes la recibieron al ser sepultados con el en el bautismo. En él también fueron resucitados mediante la fe en el poder de Dios, quien lo resucitó de entre los muertos.” (NVI).
La circuncisión espiritual del cuerpo físico fue recibida por los creyentes en Cristo al ser sepultados con el en el bautismo. No está hablando aquí del bautismo en agua introducido por Juan, pues Juan mismo declara: “Yo los bautizo a ustedes con agua para que se arrepientan. Pero el que viene después de mí es más poderoso que yo, y ni siquiera merezco llevarle las sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego.” (Mt. 3:11) (NVI).
Pablo también dice respecto a este bautismo: “Todos fuimos bautizados por un solo Espíritu para constituir un solo cuerpo – ya seamos judíos o gentiles, esclavos o libres - , y a todos nos dió a beber de un mismo Espíritu.” (1 Co. 12:13) (NVI).
Cristo es el fin de la Ley – El fin del Antiguo Pacto con Israel –
El fin del pueblo de Israel como pueblo de Dios
Ro. 10:4. “De hecho, Cristo es el fin de la ley, para que todo el que cree reciba la justicia.” (NVI).
Por la desobediencia de Israel - afirma Pablo - vino la salvación a los gentiles.
Ro.11:30. “De hecho, en otro tiempo ustedes fueron desobedientes a Dios; pero ahora por la desobediencia de los Israelitas, han sido objeto de misericordia.” (NVI).
Rom. 9:30-32. “¿Que concluiremos? Pues que los gentiles que no buscaban la justicia, la han alcanzado. Me refiero a la justicia que es por la fe. En cambio Israel, que iba en busca de una ley que le diera justicia, no ha alcanzado esa justicia. ¿Por que no? Porque no la buscaron mediante la fe sino mediante las obras, como si fuera posible alcanzarla así. Por eso tropezaron con la “piedra de tropiezo.”
Verdaderamente libres del pecado y de la muerte
Jn. 8:34-36. “Ciertamente les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado – respondió Jesús - . Ahora bien, el esclavo no se queda para siempre en la familia; pero el hijo sí se queda en ella para siempre. Así que si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres.”
Cristo nos libertó de la ley del pecado y de la muerte. Hemos sido hechos Hijos de Dios, que ni pecamos ni morimos. Hemos sido justificados ante Él mediante la sangre de Jesucristo, y el pecado ni la muerte tienen parte en nosotros sus elegidos. Somos verdaderamente libres y gozamos de vida eterna.
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SALVOS POR GRACIA: PREDESTINADOS DESDE
ANTES DE LA FUNDACION DEL MUNDO
Rev. Obispo Eliezer Martinez, D.D.
Copyright © 2008
Dios nos predestinó antes de que el mundo llegara a existir. Dicha predestinación no está condicionada a ninguna obra que yo haga o que deba hacer, tampoco a ningún merito personal. Nuestra predestinación responde solamente a la voluntad de un Dios soberano que nos creó como vasijas de barro, unas vasijas para su ira y destrucción, y otras para ser recipientes de su misericordia.
Su elección no está basada en merito personal
Las Sagradas Escrituras claramente afirman que nuestra salvación no es el resultado de nuestras buenas obras. No hay ninguna obra que puedas realizar para merecer la salvación. Usted puede llamarse cristiano, asistir con regularidad a su iglesia, dar sus diezmos y ofrendas, servir como diácono o maestro de escuela dominical, limpiar el santuario, participar de sus actividades de evangelismo, etc., etc., pero ninguno de estos buenos actos tienen que ver en la determinación de Dios para salvarle. Tampoco piense que si su vida es moralmente recta, o que nunca ha hecho maldad alguna a nadie, esto le ha ganado algún merito ante Dios para que el le salve. Entienda que no hay en usted ningún merito, ninguna condición, que le de algún derecho para obtener la salvación. La salvación no es algo que usted gana por esfuerzo propio, sino una determinación incondicionalmente hecha por el mismo Dios antes de que el mundo llegara a existir.
Ef. 1:4-5. “Dios nos escogió en el antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha delante de el. En amor nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad, para alabanza de su gloriosa gracia, que nos concedió en su Amado”. (NVI).
Ef. 1:9. “El nos hizo conocer el misterio de su voluntad conforme al buen propósito que de antemano estableció en Cristo.” (NVI).
Ef. 3:9: “Aunque soy el mas insignificante de todos los santos, recibí esta gracia de predicar a las naciones las incalculables riquezas de Cristo, y de hacer entender a todos la realización del plan de Dios, el misterio que desde los tiempos eternos se mantuvo oculto en Dios, creador de todas las cosas.” (NVI)
2 Ti. 1:9. “Pues Dios nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestras propias obras, sino por su propia determinación y gracia. Nos concedió este favor en Cristo Jesús antes del comienzo del tiempo...” (NVI).
1 Co. 2:7. “Mas bien, exponemos el misterio de la sabiduría de Dios, una sabiduría que ha estado escondida y que Dios había destinado para nuestra gloria desde la eternidad.” (NVI).
Su elección es incondicional
Si usted es uno de los salvados, ello significa que Dios le eligió para ser salvo desde el principio del tiempo. Antes de que Dios creara al hombre, ya Él tenía su plan, el cual incluía a todos aquellos que específicamente determinó que serían salvos. No hay equivocación en la determinación divina. Y tampoco piense que si Dios le eligió desde el principio del tiempo fue porque conocía de antemano sus pensamientos o inclinación de su corazón, como algunos quieren pensar. Ciertamente Dios conoce de antemano su mente y corazón, pero no le eligió basado en su conocimiento de antemano, pues ello significaría que hubo alguna condición meritoria previa a su elección. Dicho otra vez, la elección de Dios fue hecha incondicionalmente en la eternidad.
Ro. 8:29-30. “Porque a los que conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que el sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó”. (NVI).
Ro. 9:11-13. “Sin embargo, antes de que los mellizos nacieran, o hicieran algo bueno o malo, y para confirmar el propósito de la elección divina, no en base a las obras sino al llamado de Dios, se le dijo a ella: “El mayor servirá al menor” y así está escrito: “Amé a Jacob, pero aborrecí a Esau.” (NVI).
Gracia vs. Obra. Dios ES quien escoge, NO el escogido.
2 Cr. 6:6. “Mas bien, elegí a Jerusalén para habitar en ella, y a David para que gobernara a mi pueblo Israel.” (NVI)
Sal. 33:12. “Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que escogió por su heredad.” (NVI)
Sal. 65:4. “¡Dichoso aquel a quien tu escoges, al que atraes a ti para que viva en tus atrios! Saciémonos de los bienes de tu casa, de los dones de tu santo templo.” (NVI)
Sal. 78:67-70. “Rechazó a los descendientes de José, y no escogió a la tribu de Efraín; mas bien, escogió a la tribu de Juda y al monte Sion, al cual ama. Construyó su santuario alto como los cielos, como la tierra, que el afirmó para siempre. Escogió a su siervo David, al que sacó de los apriscos de las ovejas.” (NVI).
Sal. 135:4. “El Señor escogió a Jacob como su propiedad, a Israel como su posesión.” (NVI)
Lc. 18:7. “¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a el día y noche? ¿Se tardara mucho en responderles?” (NVI)
Jn. 15:19. “Si fueran del mundo, el mundo los querría como a los suyos. Pero ustedes no son del mundo, sino que yo los he escogido de entre el mundo. Por eso el mundo los aborrece.” (NVI)
Hch. 2:23. “Éste fue entregado según el determinado propósito y el previo conocimiento de Dios; y por medio de gente malvada, ustedes lo mataron, clavándolo en la cruz.” (NVI)
Hch. 4:27-28. “En efecto, en esta ciudad se reunieron Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y con el pueblo de Israel, contra tu santo siervo Jesús, a quien ungiste para hacer lo que de antemano tu poder y tu voluntad habían determinado que sucediera.” (NVI)
Hch. 13:48. “Al oír esto, los gentiles se alegraron y celebraron la palabra del Señor; y creyeron todos los que estaban destinados a la vida eterna.” (NVI)
Hch. 22:14. “Luego dijo: “El Dios de nuestros antepasados te ha escogido para que conozca su voluntad, y para que veas al Justo y oigas las palabras de su boca.” (NVI)
Ro. 8:33. “¿Quien acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica.” (NVI)
Ro. 11:5-6. “Así también hay en la actualidad un remanente escogido por gracia. Y si es por gracia, ya no es por obras; porque en tal caso la gracia ya no sería gracia” (NVI).
Ef. 2:8-9. “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte”. (NVI).
2 Ts. 2:13-14. “Nosotros, en cambio, siempre debemos dar gracias a Dios por ustedes, hermanos amados por el Señor, porque desde el principio Dios los escogió para ser salvos, mediante la obra santificadora del Espíritu y la fe que tienen en la verdad. Para esto Dios los llamó por nuestro evangelio, a fin de que tengan parte en la gloria de nuestro Señor Jesucristo.” (NVI)
Ef. 2:8-9. “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte”. (NVI).
Jesucristo, el Hijo de Dios, murió en la cruz por todos aquellos que harían de ser salvos, es decir, no murió por salvar a cada miembro de la raza humana, sino solamente por aquellos que Dios eligió en la eternidad y le entregó en sus manos. La muerte expiatoria de Jesucristo fue la provisión divinamente necesaria sin la cual la salvación de los elegidos no hubiera sido posible.
2 Ti. 2:10. “Así que todo lo soporto por el bien de los elegidos, para que también ellos alcancen la gloriosa y eterna salvación que tenemos en Cristo Jesús.” (NVI)
Tit. 2:14. “El se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y purificar para si un pueblo elegido, dedicado a hacer el bien” (NVI).
Nadie puede venir a él a menos que él lo atraiga
Jn. 6:37. “Todos los que el Padre me da vendrán a mi; y al que a mi viene, no lo rechazo.” (NVI)
Jn. 6:39. “Y esta es la voluntad del que me envió: que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el día final.” (NVI)
Jn. 6:65. “-Por eso les dije que nadie puede venir a mi, a menos que se lo haya concedido el Padre.” (NVI)
Ga. 1:15-17. “Sin embargo, Dios me había apartado desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia. Cuando él tuvo a bien revelarme a su Hijo para que yo lo predicara entre los gentiles, no consulté con nadie. Tampoco subí a Jerusalén para ver a los que eran apóstoles antes que yo, sino que fui de inmediato a Arabia, de donde luego regresé a Damasco.” (NVI)
2 Ti. 1:9-10. “Pues Dios nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestras propias obras, sino por su propia determinación y gracia. Nos concedió este favor en Cristo Jesús antes del comienzo del tiempo; y ahora lo ha revelado con la venida de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien destruyó la muerte y sacó a la luz la vida incorruptible mediante el evangelio.” (NVI)
1 P. 2:9. “Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamo de las tinieblas a su luz admirable.” (NVI).
No depende de la voluntad humana
La salvación no depende de la decisión del salvado, sino de la soberana determinación de Dios para salvarle. No depende de la voluntad humana para aceptar o rechazar el sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz del calvario, sino por la fe, y esta fe no se genera en la persona que piensa y siente, sino en Dios mismo quien pone dicha fe en aquellos que ya el eligió para ser salvos desde la eternidad. De manera que conforme a su determinación divina, unos creerán y aceptaran el mensaje de la cruz, y otros no lo harán.
Dt. 29:2-8. “Moisés convocó a todos los israelitas y les dijo: ustedes vieron todo lo que el Señor hizo en Egipto con el faraón y sus funcionarios, y todo su país. Con sus propios ojos vieron aquellas grandes pruebas, señales y maravillas. Pero hasta este día el Señor no les ha dado mente para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír” (NVI).
Su voluntad es desde la eternidad
Sal. 78:2-3. “Mis labios pronunciaran parábolas y evocarán misterios de antaño, cosas que hemos oído y conocido, y que nuestros padres nos han contado” (NVI).
Mt. 13:35. “Así se cumplió lo dicho por el profeta: Hablaré por medio de parábolas; revelaré cosas que han estado ocultas desde la creación del mundo” (NVI).
Mr. 4:11-12. “A ustedes se les ha revelado el secreto del reino de Dios - les contestó -; pero a los de afuera todo les llega por medio de parábolas, para que “por mucho que vean, no perciban; y por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados” (NVI).
He. 12:2. “Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios” (NVI).
Ro. 9:16. “Por lo tanto, la elección no depende del deseo ni del esfuerzo humano sino de la misericordia de Dios” (NVI).
Su elección es soberana
Muchos cristianos resisten aceptar la gran verdad de que Dios dispuso desde antes de la fundación del mundo salvar a unos y reprobar a otros. Hay quienes inclusivamente piensan que Dios sería injusto si ha hecho esto. Pero los actos de Dios responden a su total soberanía. Dios es soberano, y es esencial que entendamos lo que la soberanía de Dios significa.
El que Dios es soberano significa que el es Supremo sobre todos y todas las cosas, que él es el Gran Yo Soy. Significa que él es el Todopoderoso, quien posee todo el poder en el cielo y en la tierra, significa que él hace conforme a sus deseos, que pone y quita reyes e imperios, que él es Rey de Reyes y Señor de Señores, que nada ni nadie puede resistirse a su voluntad, pues él es la única voluntad en todo el universo, el cual fue creado para su propia complacencia.
La salvación es mediante Jesucristo
Hch. 4:12. “De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos.” (NVI).
Ro. 3:22-24. “Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. De hecho, no hay distinción, pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó.” (NVI).
Ro. 6:23. “Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dadiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.” (NVI).
Ro. 5:17-19. “Pues si por la trasgresión de un hombre reinó la muerte, con mayor razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia reinarán en vida por medio de un solo hombre, Jesucristo. Por tanto, así como una sola trasgresión causó la condenación de todos, también un solo acto de justicia produjo la justificación que da vida a todos. Porque así como por la desobediencia de uno solo muchos fueron constituidos pecadores, también por la obediencia de uno solo muchos serán constituidos justos.” (NVI).
El salvado nunca puede perder su salvación
Jn. 6:44. “Nadie puede venir a mi si no lo atrae el Padre que me envió, y yo lo resucitaré en el día final.” (NVI).
Jn. 6:37-39. “Todos los que el Padre me da vendrán a mi, y al que a mi viene, no lo rechazo. Porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad sino la del que me envió. Y esta es la voluntad del que me envió: que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el día final.” (NVI).
Jn. 17:1-2. “Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti, ya que le has conferido autoridad sobre todo mortal para que el les conceda vida eterna a todos los que le has dado.” (NVI).
Jn. 10:3-4. “Llama por nombre a las ovejas y las saca del redir. Cuando ya ha sacado a todas las que son suyas, va delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque reconocen su voz.” (NVI).
Jn. 17:12. “Mientras estaba con ellos, los protegía y los preservaba mediante el nombre que me diste, y ninguno se perdió sino aquél que nació para perderse, a fin de que se cumpliese la escritura.” (NVI).
Dios hace lo que Él quiere. Él es el origen del bien y el mal.
Dn. 4:35. “Ninguno de los pueblos de la tierra merece ser tomado en cuenta. Dios hace lo que quiere con los poderes celestiales y con los pueblos de la tierra. No hay quien se oponga a su poder ni quien le pida cuentas de sus actos.” (NVI).
Sal. 115:3. “Nuestro Dios está en los cielos y puede hacer lo que le parezca.” (NVI).
Sal. 22:28. “Porque del Señor es el reino; el gobierna sobre las naciones.” (NVI).
Ro. 9:14 “¿Que concluiremos? ¿Acaso es Dios injusto? ¡De ninguna manera! Es un hecho que a Moisés le dice: “Tendré clemencia de quien yo quiera tenerla, y seré compasivo con quien yo quiera serlo.” (NVI).
Ex. 33:19. “Y el Señor le respondió: Voy a darte pruebas de mi bondad, y te daré a conocer mi nombre. Y verás que tengo clemencia de quien quiero tenerla, y soy compasivo con quien quiero serlo.” (NVI).
Ro. 9:18. “Así que Dios tiene misericordia de quien el quiere tenerla, y endurece a quien el quiere endurecer.” (NVI).
Jn. 6:65. “Por eso les dije que nadie puede venir a mi, a menos que se lo haya concedido el Padre.” (NVI).
Dios tiene total control de su creación. Nada puede ocurrir en el universo que Dios no haya ordenado que ocurra. Todo lo que ocurre está preordenado conforme a su soberana voluntad. El dirige el curso de la historia. Las cosas suceden conforme a sus decretos. El es el Rey de reyes y Señor de señores.
Job 23:13. “Pero el es soberano, ¿Quien puede hacerlo desistir? Lo que el quiere hacer lo hace” (NVI)
Job 36:32. “Toma entre sus manos el relámpago, y le ordena dar en el blanco.” (NVI).
Sal. 22:28. “Porque del Señor es el reino; el gobierna sobre las naciones.” (NVI).
Sal. 115:3. “Nuestro Dios está en los cielos y puede hacer lo que le parezca.” (NVI).
Aun el mal tiene su propósito en el plan divino.
El mal existe como un medio necesario ordenado por Dios para sus fines, y estos, al final, son buenos. Por eso el Apóstol Pablo dice en su Epístola a los Romanos que, para los que aman a Dios, todas las cosas obran para bien, a los que conforme a su propósito son llamados. (Ro. 8:28).
Los planes de Dios no pueden ser frustrados
Nada ni nadie puede frustrar los planes de Dios, ni hombre ni diablo. Decir que Satanás se antepone a los planes de Dios es igual que decir que él tiene autoridad y poder sobre Dios, y por lo tanto, que Dios deja de ser el Dios Todopoderoso y Ser Supremo.
Pr. 16:4. “Toda obra del Señor tiene un propósito; hasta el malvado fue hecho para el día del desastre.” (NVI).
Pr. 21:1. “En las manos del Señor el corazón del rey es como un río: sigue el curso que el Señor le he trazado.” (NVI).
Is. 14:24. “El Señor Todopoderoso ha jurado: “tal como lo he planeado, se cumplirá; tal como lo he decidido, se realizará.” (NVI).
Is. 14:26-27. “Esto es lo que he determinado para toda la tierra; esta es la mano que he extendido sobre todas las naciones. Si lo ha determinado el Señor Todopoderoso, ¿quien puede impedirlo? Si el ha extendido su mano, ¿quien puede detenerla?” (NVI).
Is. 45:7. “Yo formo la luz y creo las tinieblas, traigo bienestar y creo calamidad; Yo, el Señor, hago todas estas cosas.” (NVI).
Is. 46:10-11. “Yo anuncio el fin desde el principio, desde los tiempos antiguos lo que está por venir. Yo digo: mi propósito se cumplirá, y haré todo lo que deseo. Del oriente llamo al ave de rapiña; de tierra distante, al hombre que cumplirá mi propósito. Lo que he dicho, haré que se cumpla; lo que he planeado, lo realizaré.” (NVI).
Is. 54:16. “Mira, yo he creado al herrero que aviva las brasas del fuego y forja armas para sus propios fines. Yo también he creado al destructor para que haga estragos.” (NVI).
Dn. 4:35. “Ninguno de los pueblos de la tierra merece ser tomado en cuenta. Dios hace lo que quiere con los poderes celestiales y con los pueblos de la tierra. No hay quien se oponga a su poder ni quien le pida cuentas de sus actos.” (NVI).
El destino del hombre está predestinado
Dios escoge el camino de los gobernantes del mundo aún antes que ellos nazcan. Lo mismo hace con todos aquellos que hacen su aporte a la historia humana, como también con todo ser humano que habita este mundo.
Job 14:5. “Los días del hombre ya están determinados; tú has decretado los meses de su vida; le has puesto limites que no puede rebasar.” (NVI).
Sal. 139:16. “Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos.” (NVI).
Pr. 5:21. “Nuestros caminos están a la vista del Señor; él examina todas nuestras sendas.” (NIV).
Pr. 20:24. “Los pasos del hombre los dirige el Señor. ¿Como puede el hombre entender su propio camino?” (NVI).
Is. 37:28. “Yo sé bien cuando te sientas, cuando sales, cuando entras, y cuando ruges contra mí.” (NVI).
Is. 45:4. “Por causa de Jacob mi siervo, de Israel mi escogido, te llamo por tu nombre y te confiero un titulo de honor, aunque tu no me conoces.” (NVI).
Is. 45:9. “¡Ay del que contiende con su Hacedor! ¡Ay del que es no más que un tiesto entre los tiestos de la tierra! ¡Acaso el barro le reclama al alfarero: “Fíjate en lo que haces! ¡Tu vasija no tiene agarraderas!” (NVI).
Jer. 1:5. “Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras, ya te había apartado; te había nombrado profeta para las naciones.” (NVI)
Jer. 10:23. “Señor, yo sé que el hombre no es dueño de su destino, que no le es dado al caminante dirigir sus propios pasos.” (NVI).
Mal. 1:2-3. “Yo los he amado, dice el Señor. ¿Y como nos ha amado?, replican ustedes. ¿No era Esau hermano de Jacob? Sin embargo, amé a Jacob pero aborrecí a Esau, y convertí sus montañas en desolación y entregué su heredad a los chacales del desierto.” (NVI)
Mt. 6:27. “¿Quien de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?” (NVI).
El hombre no tiene autoridad para pedirle cuentas a Dios
Ro. 9:20-23. “¿Quien eres tú para pedirle cuentas a Dios? ¿Acaso le dirá la olla de barro al que la modelo: Por que me hiciste así? ¿No tiene derecho el alfarero de hacer del mismo barro unas vasijas para usos especiales y otras para fines ordinarios? ¿Y que si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder, soportó con mucha paciencia a los que eran objeto de su castigo y estaban destinados a la destrucción? ¿Que si lo hizo para dar a conocer sus gloriosas riquezas a los que eran objeto de su misericordia, y a quienes de antemano preparó para esa gloria?” (NVI).
Is. 10:15. “¿Puede acaso gloriarse el hacha más que el que la maneja, o jactarse la sierra contra quien la usa? Como si pudiera el bastón manejar a quien lo tiene en la mano, o la frágil vara pudiera levantar a quien pesa más que la madera.” (NVI).
Col. 1:16. “Porque por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, poderes, principados o autoridades: todo ha sido creado por medio de él y para él.” (NVI).
Ro. 11:36. “Porque todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él. ¡A el sea la gloria por siempre! Amén.” (NVI).
Dios nos ha predestinado a todos
Todos los seres humanos no gozan del mismo destino. A unos Dios predestinó para vida eterna, mientras que a otros para muerte eterna. En Cristo somos predestinados a salvacion.
Is. 43:7. “Trae a todo el que sea llamado por mi nombre, al que yo he creado para mi gloria, al que yo hice y formé.” (NVI).
He. 2:10. “En efecto, a fin de llevar a muchos hijos a la gloria, convenía que Dios, para quien y por medio de quien todo existe, perfeccionara mediante el sufrimiento al autor de la salvación de ellos.” (NVI).
El supremo alfarero, Dios Creador, tomó del mismo barro para hacer a unas vasijas recipientes de su amor y misericordia, y a otras vasijas recipientes de su ira y destrucción.
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