DIÁCONO PASTORAL
Inicialmente, el título diácono fue aplicado a los siete varones que fueron elegidos para supervisar los fondos de la iglesia, a saber, Esteban, Felipe, Procoro, Nicanor, Timón, Parmesas, y Nicolás [Hechos 6:5]. Había una distinción entre los títulos de Obispo y diáconos, siendo los obispos los pastores de la iglesia [Fil.1:1].
A medida que la iglesia crecía, se fueron añadiendo otros diáconos, incluyendo mujeres o diaconizas [Ro. 16:1]. No podemos perder de vista que quienes se añadían a la iglesia vendían todas sus posesiones y sus ganancias eran traídas a la iglesia para ser distribuidas en comunidad por sus diáconos [Hechos 4:34-35; 6:7]. La iglesia de ese entonces estableció los criterios para su diaconado [I Ti. 3:8-13].
En el griego, la palabra diácono vino a significar “siervo” y “ministro”. Hoy en día, los creyentes no practican vender sus pertenencias y traerlas a la iglesia para ser distribuidas. Más bien, traen sus aportaciones económicas, y el tesorero o comité de finanzas de la iglesia se encargan de pagar las cuentas u obligaciones económicas. Los diáconos generalmente son miembros de la iglesia que ayudan al pastor a resolver situaciones de carácter moral que se presentan entre sus miembros.
De modo que las funciones del diácono de hoy son diferentes a las funciones iniciales del diaconado en la iglesia primitiva.
Es importante entender que los requisitos del diaconado según expuestos en I Ti. 3:8-13 son unos requisitos aplicados a una iglesia apostólica antes del segundo y final regreso de Cristo en el año 70 d.C., 40 años después de haber ascendido al cielo.
No hay razón alguna para regresar a los requisitos antiguos de la iglesia apostólica primitiva.
TODAS las iglesias cristianas, con sus requisitos de organización, incluyendo nuestra iglesia, SON IMPERFECTAS. En ella encontramos nombramientos de papas, cardenales, obispos, pastores, diáconos, evangelistas, misioneros, maestros, reverendos y hasta de apóstoles, etc. Todos esos nombramientos son espiritualmente inválidos e innecesarios, solo refuerzan la falsa autoridad de la iglesia organizada.
En la verdadera IGLESIA, que consiste de todos los elegidos a la vida eterna, no existen distinciones de ningún tipo. Todos somos un rebaño con un pastor, que es Jesucristo.
Pablo escribió: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” [Ga. 3:28]. “Donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos” [Col. 3:11].
En la verdadera IGLESIA ni siquieras tienes un nombre humano, ni eres reconocido por nadie con ese nombre. Ya no te llamarás José, Pedro, Juan, Carlos, Ángel, Maria, etc. Dice Apocalipsis 2:17: “El que tiene oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.”
Jesucristo, el único PASTOR DE SU IGLESIA, llama a sus ovejas por su nombre, y sus ovejas le siguen, porque conocen su voz [Jn.10:1-5].
Usted no necesita de título alguno otorgado por ninguna iglesia ni por ningún líder religioso. Todos los títulos arriba señalados, y los no señalados, y los que pudieran ser creados en el futuro por la iglesia organizada, son espiritualmente inválidos, y nada tienen que ver con la verdadera IGLESIA.
Nosotros, la IGLESIA INTERNACIONAL REFORMISTA, le permitimos escoger ser un diácono pastoral lo mismo que un ministro licenciado, reverendo, o misionero, sin imponer sobre usted una serie de dogmas y creencias absurdas. En este sentido, somos más auténticos que otras iglesias. Pero le repetimos mil veces, que ningún título otorgado por la iglesia o denominación humanamente organizada es espiritualmente válido ante los ojos de Jesucristo.
Nuestros títulos, por supuesto, son legalmente válidos. Requerimos que usted establezca algún ministerio afiliado a la iglesia antes de ser ordenado bajo ésta clasificación.
Puede comenzar iniciando su propia MISION HOGAR de inmediato como miembro de la Iglesia Internacional Reformista.
Este escrito es igualmente aplicable a cualquier otro título eclesiástico.