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El extinto oficio de Satanás

El extinto oficio de Satanás, también llamado

Diablo y serpiente antigua, hace siglos

que dejó de existir

 

 

He escrito este ensayo para enfatizar el Artículo XIV del documento En Esto Creemos, uno de los 22 Artículos de Fe.

 

Lo primero que notamos en Job 1:6 es que el "Ser" identificado como Satanás es un hijo de Dios. El versículo claramente nos dice que los hijos de Dios fueron convocados a una reunión y que entre ellos se encontraba Satanás.

 

En los versículos que siguen desde el 7-12 encontramos un intercambio verbal entre Dios y Satanás donde Dios le pide a este un informe de sus actividades, y este procede a informarle. Fíjese también que hay una evaluación de una persona llamada Job, y para clarificar dicha evaluación, Satanás solicita autorización de Dios para emplear ciertas estrategias. Dios le da permiso, es decir, autoriza a Satanás a utilizar sus estrategias, menos la de quitarle la vida.


[Nota: No creemos que Job halla sido una persona real en la historia, sino un personaje ficticio inventado por el autor del libro, al igual que lo fue Don Quijote de la Mancha, para ilustrar ciertos principios divinos sobre el bien, el mal y el sufrimiento].
 

¿Qué nos dice esto?

 

Lo primero que nos dice, aparte de que el "Ser" identificado como Satanás es un hijo de Dios, es que éste estuvo sujeto a la autoridad de Dios. No hizo nada sin que tuviera de parte de Dios el correspondiente permiso.

 

Lo dicho anterior nos lleva a la conclusión ineludible de que este "Ser", hijo de Dios, fue comisionado por el mismo Dios para ejercer la función de Satanás. De manera que, contrario a la idea popular y religiosa, Satanás no es alguien que fue un "Ser" bueno que se volvió malo, sino un "Ser" que obedientemente aceptó el encargo de Dios de ejercer determinado oficio.

 

Satanás fue un oficio. Su oficio incluyó destruir, engañar, matar, inducir, tentar, acusar, etc. Repito nuevamente, un oficio de alto rango envestido en él por el mismo Dios, quien es el único que puede hacer dicha envestidura.

 

Vemos esta sujeción de Satanás al Ser Supremo cuando Jesús fue llevado al desierto para ser tentado. Ese era un proceso por el cual tenia que pasar, igual que tuvo que pasar por el proceso de ser bautizado por Juan. Al final de la tentación, Jesús le dice: “Vete de mi, Satanás, porque escrito está, al Señor tu Dios adorarás, y a el solo servirás” [Lc. 4:8].

 

Tres cosas resaltan en las palabras de Jesús:

 

  1. Satanás tiene un Dios, al Ser Supremo, a quien debe adorar.
  2. Satanás tiene un Dios, al Ser Supremo, a quien debe servir.
  3. Jesús, Dios encarnado, muestra su autoridad sobre Satanás, pues al decirle vete de mi Satanás, éste se va, obedeciendo la orden.

 

Finalizada la ley, y comenzado el ministerio de la Gracia, ya ninguna de las actividades en contra del hombre por parte de Satanás fueron necesarias. El Apóstol Pablo escribe: “Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro” [Ro. 5:20-21].

 

Ya entonces de nada servia acusar al hombre que estaba libre de la ley y  bajo la gracia de haber cometido pecado. Mediante la gracia, el hombre fue y es justificado de todo pecado.

 

Con el oficio de Cristo, finalizaba el oficio de Satanás.

 

Veamos las palabras del Apóstol: “Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros” [Ro. 16:20].

 

Ap. 11: 15. “El septimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y el reinará por los siglos de los siglos.”

 

Ap. 20:10. “Y el diablo que los engañaba fue lanzado al lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.”

Tengo que advertirle, sin embago, consistente con lo dicho en otros escritos, que no identificamos al diablo como un "ser" que haya sido literalmete lanzado a un lugar llamado "lago de fuego." No creemos que el lago de fuego exista como un "lugar" sino como un estado de existencia. No creemos que en dicho estado exista "un fuego literal" para castigar, mucho menos para torturar eternamente. Concluimos que el lenguaje de este pasaje en Apocalipsis 20:10 solo puede ser tomado figuradamente. El "ser" cuyo oficio fue "diablo" pudo haber sido comisionado por el Ser Supremo para realizar otros oficios o funciones en este u otros universos.

El "infierno ardiente" o "lago de fuego" como un lugar de eterno castigo y tormento para los no-salvados, interpretado literalmente por muchos cristianos, SIMPLEMENTE NO EXISTE.


 

 

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